La noción de Edad Media comienza a fraguarse a partir del siglo XV, de la mano de los humanistas del primer Renacimiento. Estos autores admiran la cultura de Grecia y Roma y se fijan como objetivo recuperar el esplendor de la gloriosa Antigüedad Clásica. Desde este punto de vista, los siglos intermedios, a los que se refieren en tono peyorativo como media aetas o medium aevum, habrían sido una época de tinieblas, en la que la civilización desaparece, víctima de la barbarie, y el progreso de la humanidad se interrumpe por las supersticiones, el fanatismo religioso, el inmovilismo social, los abusos, la crueldad y la violencia de todo tipo. El arte se empobrece y la literatura queda en manos de teólogos o bien de cronistas, cuentistas y poetas, muchos de ellos anónimos, que han olvidado el latín en favor de las lenguas locales y son incapaces de reflejar la verdad del ser humano, sus ideas y sentimientos, la belleza artística de la forma.
Esta visión, que en muchos sentidos ha perdurado hasta la actualidad convertida ya en un mito, hace que muchos contemplen la Edad Media como un período arcaico, oscurantista y detestable, cuando, en realidad, es el fundamento sobre el que se asienta buena parte de nuestra cultura: el mapa de Europa con sus paisajes y formas urbanas, nuestro sistema social basado en la familia, la estructura política articulada sobre el concepto de nación, las relaciones económicas, la organización profesional y corporativa, la reflexión cristiana sobre el poder y la defensa de valores como la justicia, la paz o el bien común... son aspectos capitales que hunden sus raíces en la Edad Media.
El arte, el pensamiento y la vida espiritual tampoco responden a este estereotipo: la labor de las escuelas monacales, como depositarias y difusoras del saber; el desarrollo del arte con los estilos románico y gótico; el prestigio del canto gregoriano; la visión trascendente del mundo que exploran los filósofos, buscando un sentido profundo, simbólico para la realidad; el salto de gigante que supone la adopción de lenguas vernáculas para hacer una literatura que llegue al pueblo; las peregrinaciones a Roma, Jerusalén o Santiago de Compostela, que abren rutas de intercambio y convivencia, ponen de manifiesto el verdadero nivel que alcanzó la cultura medieval.
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martes, 13 de mayo de 2014
Las lenguas hispánicas de la Edad Media y sus literaturas
Como se ha dicho, la caída del Imperio Romano supuso que Europa perdiera su unidad política y, a la larga, también la lingüística. Si nos fijamos en la situación de la Península Ibérica a finales del siglo V, momento en que se crea el reino visigodo, observamos que, sobre una población de unos seis millones de hispanorromanos, cuya lengua es el latín, los gothi, de origen germano, representan un 5 % (unos 200.000 visigodos y alrededor de 100.000 suevos). No hay que olvidar, desde luego, los numerosos núcleos judíos distribuidos por Levante y Andalucía. Aunque al principio se mantiene una rigurosa separación entre la población peninsular, romani, y la minoría dominante visigoda, la segregación desaparece durante el siglo VI y los dominadores adoptan la lengua, la cultura y la religión católica que practicaban los dominados, un hecho verdaderamente singular en la historia.
Así pues, en la Hispania visigoda, la lengua de cultura siguió siendo el latín, un latín hispánico que, a juzgar por la evolución que se produjo en otros lugares, podría haber derivado en una lengua peninsular común. No fue así y ello se debe a la invasión musulmana del año 711 y, sobre todo, a la penosa reconquista militar que se realizó valle a valle, región a región, durante casi ochocientos años. A partir del siglo VIII (y al menos hasta el siglo X, en el que se impone definitivamente el árabe), la lengua popular en los territorios dominados por los musulmanes fue el mozárabe, mientras que en los reconquistados se desarrollaron cuatro lenguas distintas: gallego-portugués, astur-leonés-castellano, navarro-aragonés y catalán (además del vasco, naturalmente). El auge del pequeño condado de Castilla, a partir de su independencia de León en el año 1037, explica que su lengua se impusiera al resto y, desde la conquista de Toledo en 1080, gozara de una cierta hegemonía que poco a poco se iría ampliando, gracias al impulso que experimenta durante el reinado de Alfonso X el Sabio (entre 1252 y 1284), y quedaría confirmada definitivamente en 1474 y 1479, años en los que Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, los Reyes Católicos, acceden al trono y, en virtud de su matrimonio, unen ambos reinos en una sola dinastía. El peso específico de sus ocho millones de habitantes hace que el castellano se imponga como lengua común en toda la Meseta, en Galicia, en Navarra, en Aragón y, más tarde, en Cataluña y Valencia.
En suma, durante la Edad Media, el lento proceso de creación, fusión y sustitución de lenguas, se reflejará en la aparición de, al menos, cuatro literaturas hispánicas con entidad propia: mozárabe, galaico-portuguesa, catalano-provenzal y castellana.
Así pues, en la Hispania visigoda, la lengua de cultura siguió siendo el latín, un latín hispánico que, a juzgar por la evolución que se produjo en otros lugares, podría haber derivado en una lengua peninsular común. No fue así y ello se debe a la invasión musulmana del año 711 y, sobre todo, a la penosa reconquista militar que se realizó valle a valle, región a región, durante casi ochocientos años. A partir del siglo VIII (y al menos hasta el siglo X, en el que se impone definitivamente el árabe), la lengua popular en los territorios dominados por los musulmanes fue el mozárabe, mientras que en los reconquistados se desarrollaron cuatro lenguas distintas: gallego-portugués, astur-leonés-castellano, navarro-aragonés y catalán (además del vasco, naturalmente). El auge del pequeño condado de Castilla, a partir de su independencia de León en el año 1037, explica que su lengua se impusiera al resto y, desde la conquista de Toledo en 1080, gozara de una cierta hegemonía que poco a poco se iría ampliando, gracias al impulso que experimenta durante el reinado de Alfonso X el Sabio (entre 1252 y 1284), y quedaría confirmada definitivamente en 1474 y 1479, años en los que Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, los Reyes Católicos, acceden al trono y, en virtud de su matrimonio, unen ambos reinos en una sola dinastía. El peso específico de sus ocho millones de habitantes hace que el castellano se imponga como lengua común en toda la Meseta, en Galicia, en Navarra, en Aragón y, más tarde, en Cataluña y Valencia.
En suma, durante la Edad Media, el lento proceso de creación, fusión y sustitución de lenguas, se reflejará en la aparición de, al menos, cuatro literaturas hispánicas con entidad propia: mozárabe, galaico-portuguesa, catalano-provenzal y castellana.
La Edad Media. Diez siglos de historia.
Se suele citar como inicio de la Edad Media el año 476, fecha en que Roma, y con ella Occidente, sucumbe al empuje de los pueblos germanos, eslavos y esteparios. El Imperio se disuelve y es sustituido por un mosaico de reinos que rompen la unidad que hasta entonces había identificado a Europa. Se abre así una nueva era que alcanza hasta 1453, año de la caída de Constantinopla, un hito histórico cuya consecuencia inmediata será la aparición de un nuevo Imperio, el Turco Otomano, que rivalizará con el viejo continente.
Se trata, por lo tanto, de un período de unos 1.000 años, en el que, como es natural, se advierte una evolución. De entrada, es habitual distinguir entre Alta Edad Media y Baja Edad Media, divididas por la frontera que marca el inicio de las cruzadas (la primera se desarrolla entre los años 1096 y 1099).
La Alta Edad Media se caracteriza por ser una época de contracción económica y retroceso a una economía agraria, campesina. En el caso de la Península Ibérica, la invasión musulmana del año 711 creó un clima de inseguridad y miedo con efectos muy negativos sobre las ciudades, la artesanía y el comercio, lo que contribuyó al auge del feudalismo. La debilidad de los reyes se había hecho evidente, carecían de poder para proteger a sus súbditos, por eso, las gentes se unían para la defensa en común y empezó a ser frecuente acudir a un conde, duque o marqués para recibir su amparo. Los monarcas, que no tenían dinero para pagar este servicio, compensaban con tierras a los señores que defendían sus dominios. A su vez, los siervos y villanos que ocupaban ese territorio, quedaban sujetos a la autoridad de estos señores feudales. Se crea así un régimen piramidal basado en el vasallaje, con el rey a la cabeza, seguido por la nobleza guerrera y, en su base, los villanos y los siervos. El resultado es una sociedad estamental, con una organización rígida que impide el paso de un grupo a otro. Por otra parte, el poder real queda oscurecido y el señor se adueña de las funciones que, en otro tiempo, le habían correspondido al Estado: legisla, administra justicia e incluso acuña moneda.
La Baja Edad Media se inicia en el siglo XII, con un notable aumento de la población. El desarrollo de la agricultura (ampliación de los campos de cultivo, introducción de nuevas técnicas agrícolas) y la consiguiente mejora en la alimentación son los motores que impulsan este crecimiento demográfico, que revitalizará las ciudades. En los núcleos urbanos aparecen mercados y barrios de artesanos, en los que surge una nueva clase social: la burguesía, que va enriqueciéndose y cobrando conciencia de su importancia. A diferencia del campesino, ellos no dependen de un señor feudal, cuya protección, por otra parte, ha dejado de ser necesaria, y saben que sus impuestos son los que financian a la corona. El siglo XIV vive una crisis general, que hace que los cambios se precipiten. Una epidemia de peste hunde las finanzas de los reinos peninsulares; sólo Castilla, con una gran riqueza ganadera (base de su posterior hegemonía) logra superarla. Hasta ese momento había perdurado la idea de que Europa era una unidad imperial; sin embargo, desde principios del siglo XV, los reyes, enfrentándose a la nobleza, aspiran a constituir Estados nacionales bajo su autoridad soberana. El signo de los tiempos está de su parte; al concluir la Edad Media, se ha impuesto ya una sociedad de mercado, las relaciones feudales dejan paso a las comerciales y el prestigio social se empieza a medir en función de los recursos económicos de los que se dispone.
Se trata, por lo tanto, de un período de unos 1.000 años, en el que, como es natural, se advierte una evolución. De entrada, es habitual distinguir entre Alta Edad Media y Baja Edad Media, divididas por la frontera que marca el inicio de las cruzadas (la primera se desarrolla entre los años 1096 y 1099).
La Alta Edad Media se caracteriza por ser una época de contracción económica y retroceso a una economía agraria, campesina. En el caso de la Península Ibérica, la invasión musulmana del año 711 creó un clima de inseguridad y miedo con efectos muy negativos sobre las ciudades, la artesanía y el comercio, lo que contribuyó al auge del feudalismo. La debilidad de los reyes se había hecho evidente, carecían de poder para proteger a sus súbditos, por eso, las gentes se unían para la defensa en común y empezó a ser frecuente acudir a un conde, duque o marqués para recibir su amparo. Los monarcas, que no tenían dinero para pagar este servicio, compensaban con tierras a los señores que defendían sus dominios. A su vez, los siervos y villanos que ocupaban ese territorio, quedaban sujetos a la autoridad de estos señores feudales. Se crea así un régimen piramidal basado en el vasallaje, con el rey a la cabeza, seguido por la nobleza guerrera y, en su base, los villanos y los siervos. El resultado es una sociedad estamental, con una organización rígida que impide el paso de un grupo a otro. Por otra parte, el poder real queda oscurecido y el señor se adueña de las funciones que, en otro tiempo, le habían correspondido al Estado: legisla, administra justicia e incluso acuña moneda.
La Baja Edad Media se inicia en el siglo XII, con un notable aumento de la población. El desarrollo de la agricultura (ampliación de los campos de cultivo, introducción de nuevas técnicas agrícolas) y la consiguiente mejora en la alimentación son los motores que impulsan este crecimiento demográfico, que revitalizará las ciudades. En los núcleos urbanos aparecen mercados y barrios de artesanos, en los que surge una nueva clase social: la burguesía, que va enriqueciéndose y cobrando conciencia de su importancia. A diferencia del campesino, ellos no dependen de un señor feudal, cuya protección, por otra parte, ha dejado de ser necesaria, y saben que sus impuestos son los que financian a la corona. El siglo XIV vive una crisis general, que hace que los cambios se precipiten. Una epidemia de peste hunde las finanzas de los reinos peninsulares; sólo Castilla, con una gran riqueza ganadera (base de su posterior hegemonía) logra superarla. Hasta ese momento había perdurado la idea de que Europa era una unidad imperial; sin embargo, desde principios del siglo XV, los reyes, enfrentándose a la nobleza, aspiran a constituir Estados nacionales bajo su autoridad soberana. El signo de los tiempos está de su parte; al concluir la Edad Media, se ha impuesto ya una sociedad de mercado, las relaciones feudales dejan paso a las comerciales y el prestigio social se empieza a medir en función de los recursos económicos de los que se dispone.
El nexo 'que'
Que es el nexo subordinante más frecuente en español. Sus valores son los siguientes:
"Que" completivo
Es una conjunción subordinante, que introduce oraciones subordinadas sustantivas, que pueden funcionar como sujeto, CD, CR, etc., de la oración principal:
Me preocupa que no haya llegado (oración subordinada sustantiva de sujeto).
"Que" relativo
Es un pronombre que, además, tiene la capacidad de introducir una oración subordinada adjetiva. Las oraciones subordinadas adjetivas funcionan como modificador de un sustantivo: Es una idea interesante, que tendrá aplicaciones prácticas (oración subordinada adjetiva,
modificador del sustantivo idea).
El que relativo puede sustituirse por otro pronombre relativo, como el cual: Es una idea interesante, la cual tendrá aplicaciones prácticas. Dicha sustitución no es posible con
el que completivo.
"Que" en oraciones subordinadas adverbiales
Bastantes conjunciones subordinantes son locuciones en las que está incluida la conjunción que. Entre otras para que (final), porque (causal), aunque (concesiva), etc.:
Ese dinero será suficiente para que os compréis un vestido (oración subordinada adverbial final).
En las subordinadas consecutivas y comparativas, la oración subordinada puede llevar que: Llegó tan tarde que no pudo entrar (oración subordinada adverbial consecutiva).
"Que" completivo
Es una conjunción subordinante, que introduce oraciones subordinadas sustantivas, que pueden funcionar como sujeto, CD, CR, etc., de la oración principal:
Me preocupa que no haya llegado (oración subordinada sustantiva de sujeto).
"Que" relativo
Es un pronombre que, además, tiene la capacidad de introducir una oración subordinada adjetiva. Las oraciones subordinadas adjetivas funcionan como modificador de un sustantivo: Es una idea interesante, que tendrá aplicaciones prácticas (oración subordinada adjetiva,
modificador del sustantivo idea).
El que relativo puede sustituirse por otro pronombre relativo, como el cual: Es una idea interesante, la cual tendrá aplicaciones prácticas. Dicha sustitución no es posible con
el que completivo.
"Que" en oraciones subordinadas adverbiales
Bastantes conjunciones subordinantes son locuciones en las que está incluida la conjunción que. Entre otras para que (final), porque (causal), aunque (concesiva), etc.:
Ese dinero será suficiente para que os compréis un vestido (oración subordinada adverbial final).
En las subordinadas consecutivas y comparativas, la oración subordinada puede llevar que: Llegó tan tarde que no pudo entrar (oración subordinada adverbial consecutiva).
Conjunciones y locuciones subordinantes.
ORACIONES SUBORDINADAS TIPOS CONJUNCIONES Y LOCUCIONES EJEMPLOS
Sustantivas Que, Si, Interrogativos Me duele que haya fracasado.
No sabe cuándo vendrá
Adjetivas Relativos El autobús que tomaste no era el correcto.
Adverbiales De Lugar Donde No hay tranquilidad donde vive.
De Tiempo Cuando, Mientras… Cuando sean las diez, empezaremos.
De Modo Como, Según… Lo dijo como lo sentía.
Causales Porque, Pues… Lo sabe bien porque lo ha vivido.
Finales Para que… Se calló para que se hiciera silencio.
Concesivas Aunque… Aunque rabies, no te lo voy a dar.
Condicionales Si… Si fuese así, tendría muchas ventajas.
Consecutivas Que Está tan asustado que no habla.
Comparativas Que, Como Trabajan tanto como nosotros.
Sustantivas Que, Si, Interrogativos Me duele que haya fracasado.
No sabe cuándo vendrá
Adjetivas Relativos El autobús que tomaste no era el correcto.
Adverbiales De Lugar Donde No hay tranquilidad donde vive.
De Tiempo Cuando, Mientras… Cuando sean las diez, empezaremos.
De Modo Como, Según… Lo dijo como lo sentía.
Causales Porque, Pues… Lo sabe bien porque lo ha vivido.
Finales Para que… Se calló para que se hiciera silencio.
Concesivas Aunque… Aunque rabies, no te lo voy a dar.
Condicionales Si… Si fuese así, tendría muchas ventajas.
Consecutivas Que Está tan asustado que no habla.
Comparativas Que, Como Trabajan tanto como nosotros.
La subordinación.
A diferencia de las oraciones coordinadas, las oraciones subordinadas son dependientes: desempeñan una función sintáctica dentro de otra oración, que se denomina oración principal.
Las oraciones subordinadas sustantivas desempeñan principalmente las funciones de Sujeto, CD y CR. Suelen ir introducidas por las conjunciones que, si y los interrogativos (qué, quién, dónde…)
En la oración Sé que no me quiere, la oración subordinada es el CD de la principal
(=Lo sé).
Las oraciones subordinadas adjetivas van introducidas por los relativos y funcionan como Modificadores o Complementos del Nombre, referidas a un sustantivo que las precede:
La entrada que me regalaste (Mod del sustantivo entrada)
no era del todo gratuita.
Oraciones subordinadas
Sustantivas
Sé que no me quiere
Adjetivas
La entrada que me regalaste…
Adverbiales
Vive donde le gusta.
Las oraciones subordinadas adverbiales son semejantes a los complementos circunstanciales y se clasifican por su significado:
Vive donde le gusta (Adverbial de Lugar, CCL).
Si le das de comer, el animal se acostumbrará mal (Adverbial condicional).
Las oraciones subordinadas sustantivas desempeñan principalmente las funciones de Sujeto, CD y CR. Suelen ir introducidas por las conjunciones que, si y los interrogativos (qué, quién, dónde…)
En la oración Sé que no me quiere, la oración subordinada es el CD de la principal
(=Lo sé).
Las oraciones subordinadas adjetivas van introducidas por los relativos y funcionan como Modificadores o Complementos del Nombre, referidas a un sustantivo que las precede:
La entrada que me regalaste (Mod del sustantivo entrada)
no era del todo gratuita.
Oraciones subordinadas
Sustantivas
Sé que no me quiere
Adjetivas
La entrada que me regalaste…
Adverbiales
Vive donde le gusta.
Las oraciones subordinadas adverbiales son semejantes a los complementos circunstanciales y se clasifican por su significado:
Vive donde le gusta (Adverbial de Lugar, CCL).
Si le das de comer, el animal se acostumbrará mal (Adverbial condicional).
Conjunciones y locuciones coordinantes.
Las conjunciones y locuciones coordinantes pueden coordinar palabras o sintagmas y oraciones.
Han llegado Luis y sus amigos (coordinación de sintagmas)
Ha llegado Luis y se ha disculpado (coordinación de oraciones)
Copulativas: y, e, ni. (Ni es negativa): Los animales y las personas huían.
Cuando son más de dos los elementos coordinados, lo normal es poner la conjunción copulativa solo entre los dos últimos: Entró, consideró la situación y decidió quedarse.
Disyuntivas: o, u.
A veces se repite la conjunción o, con valor de exclusión, en los dos elementos coordinados: O ha llegado o no. Y en ocasiones se usa con valor explicativo: Sevilla, o la capital de Andalucía…
La locución conjuntiva o bien tiene valor disyuntivo: Siempre estaba el portero, o bien el sustituto.
Conjunciones y Locuciones
Copulativas
y, e, ni
Disyuntivas
o, u
Adversativas
pero, mas, sino (que), aunque
excepto, salvo, menos
sin embargo, no obstante
Explicativas
o sea, es decir, mejor dicho
Consecutivas
conque, luego, así que, por tanto…
Adversativas: Pero, sino (que), mas, aunque.
Aunque solo debe considerarse adversativa cuando puede sustituirse por pero: Es posible aunque difícil. En otros casos, si encabeza la oración o el verbo va en subjuntivo, es una conjunción subordinante: Aunque lo intento, no lo consigo.
Sino requiere que el primer elemento coordinado sea negativo: No vino el tío sino el sobrino. Cuando une oraciones, tiene la forma sino que: No aceptaré ese trabajo sino que seguiré buscando.
Los adverbios excepto, salvo y menos se usan a veces con valor de conjunciones adversativas: Lo sabían todos, salvo los interesados.
Las locuciones sin embargo y no obstante también tienen valor adversativo y solo unen oraciones: Lo ha intentado muchas veces; sin embargo, nunca lo ha conseguido.
Explicativas: La coordinación explicativa se realiza por medio de las locuciones conjuntivas o sea, es decir, mejor dicho: Evitaba encontrarse conmigo, es decir, me rehuía.
Consecutivas: Conque, luego, así que, por tanto….
No veíamos a Andrés desde hace tiempo, conque no lo reconocimos.
Han llegado Luis y sus amigos (coordinación de sintagmas)
Ha llegado Luis y se ha disculpado (coordinación de oraciones)
Copulativas: y, e, ni. (Ni es negativa): Los animales y las personas huían.
Cuando son más de dos los elementos coordinados, lo normal es poner la conjunción copulativa solo entre los dos últimos: Entró, consideró la situación y decidió quedarse.
Disyuntivas: o, u.
A veces se repite la conjunción o, con valor de exclusión, en los dos elementos coordinados: O ha llegado o no. Y en ocasiones se usa con valor explicativo: Sevilla, o la capital de Andalucía…
La locución conjuntiva o bien tiene valor disyuntivo: Siempre estaba el portero, o bien el sustituto.
Conjunciones y Locuciones
Copulativas
y, e, ni
Disyuntivas
o, u
Adversativas
pero, mas, sino (que), aunque
excepto, salvo, menos
sin embargo, no obstante
Explicativas
o sea, es decir, mejor dicho
Consecutivas
conque, luego, así que, por tanto…
Adversativas: Pero, sino (que), mas, aunque.
Aunque solo debe considerarse adversativa cuando puede sustituirse por pero: Es posible aunque difícil. En otros casos, si encabeza la oración o el verbo va en subjuntivo, es una conjunción subordinante: Aunque lo intento, no lo consigo.
Sino requiere que el primer elemento coordinado sea negativo: No vino el tío sino el sobrino. Cuando une oraciones, tiene la forma sino que: No aceptaré ese trabajo sino que seguiré buscando.
Los adverbios excepto, salvo y menos se usan a veces con valor de conjunciones adversativas: Lo sabían todos, salvo los interesados.
Las locuciones sin embargo y no obstante también tienen valor adversativo y solo unen oraciones: Lo ha intentado muchas veces; sin embargo, nunca lo ha conseguido.
Explicativas: La coordinación explicativa se realiza por medio de las locuciones conjuntivas o sea, es decir, mejor dicho: Evitaba encontrarse conmigo, es decir, me rehuía.
Consecutivas: Conque, luego, así que, por tanto….
No veíamos a Andrés desde hace tiempo, conque no lo reconocimos.
Oraciones coordinadas.
Copulativas
Su significado es de adición o de sucesión temporal. Ni (=y no) añade un significado de negación: No lo sabe ni lo sabrá.
Disyuntivas
Su significado es de alternancia y, a veces, de exclusión entre dos ideas: ¿Vas a casa o regresas?
Adversativas
Su significado es de contraposición de las dos oraciones coordinadas: No fue lejos pero se cansó.
La conjunción sino que expresa además exclusión y requiere que la primera oración coordinada sea negativa: No aceptaré ese trabajo sino que seguiré buscando.
Explicativas
La segunda oración aclara o explica el contenido de la primera: Evitaba encontrarse conmigo, es decir, me rehuía.
Consecutivas
La segunda oración expresa la consecuencia de lo dicho en la primera: Ha llegado tarde, así que no ha podido entrar.
Algunas gramáticas clasifican a estas oraciones entre las subordinadas adverbiales.
Su significado es de adición o de sucesión temporal. Ni (=y no) añade un significado de negación: No lo sabe ni lo sabrá.
Disyuntivas
Su significado es de alternancia y, a veces, de exclusión entre dos ideas: ¿Vas a casa o regresas?
Adversativas
Su significado es de contraposición de las dos oraciones coordinadas: No fue lejos pero se cansó.
La conjunción sino que expresa además exclusión y requiere que la primera oración coordinada sea negativa: No aceptaré ese trabajo sino que seguiré buscando.
Explicativas
La segunda oración aclara o explica el contenido de la primera: Evitaba encontrarse conmigo, es decir, me rehuía.
Consecutivas
La segunda oración expresa la consecuencia de lo dicho en la primera: Ha llegado tarde, así que no ha podido entrar.
Algunas gramáticas clasifican a estas oraciones entre las subordinadas adverbiales.
La yuxtaposición.
En ocasiones, no hay nexos entre las diferentes oraciones que forman parte de una oración compuesta:
Traspasa la alta sierra, ocupa el llano.
Las dos oraciones del ejemplo forman una unidad de sentido y son, por lo tanto, una oración compuesta. La ausencia de nexos es habitualmente un rasgo de estilo que da mayor rapidez y viveza al texto y suele darse entre oraciones coordinadas:
Traspasa la alta sierra y ocupa el llano.
Menos frecuente es la omisión de nexos subordinantes, es decir, las oraciones compuestas por subordinación sin nexos. No obstante, también se da la yuxtaposición de oraciones subordinadas:
Te ruego me escribas pronto.
Aquí se ha omitido el nexo que delante de la oración subordinada me escribas pronto.
Traspasa la alta sierra, ocupa el llano.
Las dos oraciones del ejemplo forman una unidad de sentido y son, por lo tanto, una oración compuesta. La ausencia de nexos es habitualmente un rasgo de estilo que da mayor rapidez y viveza al texto y suele darse entre oraciones coordinadas:
Traspasa la alta sierra y ocupa el llano.
Menos frecuente es la omisión de nexos subordinantes, es decir, las oraciones compuestas por subordinación sin nexos. No obstante, también se da la yuxtaposición de oraciones subordinadas:
Te ruego me escribas pronto.
Aquí se ha omitido el nexo que delante de la oración subordinada me escribas pronto.
Oraciones compuestas.
Los enunciados formados por dos o más oraciones se llaman oraciones compuestas. Son unidades sintácticas complejas, con las que el hablante forma una unidad de sentido.
Clases de oraciones compuestas
Las oraciones compuestas son coordinadas cuando los diferentes predicados pueden funcionar como oraciones independientes:
Ha venido tarde pero ya se ha ido.
Las oraciones compuestas son subordinadas cuando alguno de sus predicados es dependiente; es decir, se comporta como un constituyente de la oración y no puede formar oración por sí solo.
Se llama oración subordinada al elemento dependiente, que está marcado por una conjunción subordinante:
Sé que no me quiere (Oración subordinada).
Las oraciones que entran a formar parte de una oración compuesta suelen relacionarse por medio de elementos de enlace o nexos. En las coordinadas, el nexo va entre las diferentes oraciones coordinadas. Las oraciones subordinadas van encabezadas por el nexo.
Funcionan como nexos las conjunciones o locuciones coordinantes y subordinantes, los relativos y los interrogativos.
Clases de oraciones compuestas
Las oraciones compuestas son coordinadas cuando los diferentes predicados pueden funcionar como oraciones independientes:
Ha venido tarde pero ya se ha ido.
Las oraciones compuestas son subordinadas cuando alguno de sus predicados es dependiente; es decir, se comporta como un constituyente de la oración y no puede formar oración por sí solo.
Se llama oración subordinada al elemento dependiente, que está marcado por una conjunción subordinante:
Sé que no me quiere (Oración subordinada).
Las oraciones que entran a formar parte de una oración compuesta suelen relacionarse por medio de elementos de enlace o nexos. En las coordinadas, el nexo va entre las diferentes oraciones coordinadas. Las oraciones subordinadas van encabezadas por el nexo.
Funcionan como nexos las conjunciones o locuciones coordinantes y subordinantes, los relativos y los interrogativos.
Oraciones impersonales.
Las oraciones impersonales no tienen sujeto explícito ni omitido y suelen llevar el verbo en tercera persona del singular.
Tipos de oraciones impersonales
Con verbos cuyo significado es de fenómenos meteorológicos:
Ya ha amanecido.
En algunas ocasiones, estos verbos se utilizan con sentido figurado y llevan sujeto:
El día amaneció nublado.
Con los verbos haber y hacer:
Hace mucho frío.
No hay calefacción.
Las expresiones habían muchas personas; ayer hicieron tres años son incorrectas. Debe decirse había muchas personas; ayer hizo tres años.
Con la partícula se, que oculta al sujeto:
- Verbo transitivo y CD de persona con a:
Se conoció pronto al enmascarado.
- Verbo intransitivo:
Se miente constantemente.
No deben confundirse con las oraciones pasivas reflejas, porque en estas hay un sujeto:
El rumor se divulgó (Sujeto: el rumor).
Con los verbos ser, estar, parecer, bastar y sobrar:
Es de noche.
Está despejado.
Parece de día.
Basta contigo.
Sobra con cuatro euros.
También pueden considerarse impersonales algunas oraciones sin sujeto que llevan el verbo en tercera persona del plural:
¿Cuándo te han avisado?
Tipos de oraciones impersonales
Con verbos cuyo significado es de fenómenos meteorológicos:
Ya ha amanecido.
En algunas ocasiones, estos verbos se utilizan con sentido figurado y llevan sujeto:
El día amaneció nublado.
Con los verbos haber y hacer:
Hace mucho frío.
No hay calefacción.
Las expresiones habían muchas personas; ayer hicieron tres años son incorrectas. Debe decirse había muchas personas; ayer hizo tres años.
Con la partícula se, que oculta al sujeto:
- Verbo transitivo y CD de persona con a:
Se conoció pronto al enmascarado.
- Verbo intransitivo:
Se miente constantemente.
No deben confundirse con las oraciones pasivas reflejas, porque en estas hay un sujeto:
El rumor se divulgó (Sujeto: el rumor).
Con los verbos ser, estar, parecer, bastar y sobrar:
Es de noche.
Está despejado.
Parece de día.
Basta contigo.
Sobra con cuatro euros.
También pueden considerarse impersonales algunas oraciones sin sujeto que llevan el verbo en tercera persona del plural:
¿Cuándo te han avisado?
Oraciones activas y pasivas.
Oraciones activas
Las oraciones activas llevan un sujeto que realiza la acción verbal y un verbo en forma activa:
El ciclista (sujeto agente) subió (verbo activo) una cuesta empinada.
Oraciones pasivas
Las oraciones pasivas llevan un sujeto cuyo significado es de objeto. Si aparece el agente de la acción, es un complemento con preposición llamado Complemento Agente (CAg).
Tienen dos formas en español:
Con el verbo ser + participio y, generalmente, el CAg. El participio concuerda con el sujeto en género, número y persona:
La plaza (Sujeto) fue recuperada (Verbo) por los vecinos (CAg).
Pasiva refleja: con se y el verbo en forma activa. El sujeto suele ponerse tras el verbo y raramente llevan CAg:
Se recuperó (Verbo) la plaza (Sujeto). Los vecinos recuperaron la plaza.
Las oraciones pasivas son el resultado de la transformación de una oración activa. Por lo tanto, su verbo es activo y transitivo.
Las oraciones activas llevan un sujeto que realiza la acción verbal y un verbo en forma activa:
El ciclista (sujeto agente) subió (verbo activo) una cuesta empinada.
Oraciones pasivas
Las oraciones pasivas llevan un sujeto cuyo significado es de objeto. Si aparece el agente de la acción, es un complemento con preposición llamado Complemento Agente (CAg).
Tienen dos formas en español:
Con el verbo ser + participio y, generalmente, el CAg. El participio concuerda con el sujeto en género, número y persona:
La plaza (Sujeto) fue recuperada (Verbo) por los vecinos (CAg).
Pasiva refleja: con se y el verbo en forma activa. El sujeto suele ponerse tras el verbo y raramente llevan CAg:
Se recuperó (Verbo) la plaza (Sujeto). Los vecinos recuperaron la plaza.
Las oraciones pasivas son el resultado de la transformación de una oración activa. Por lo tanto, su verbo es activo y transitivo.
Oraciones transitivas e intransitivas.
eniendo en cuenta la estructura sintáctica de los predicados que forman, los verbos predicativos se clasifican en transitivos e intransitivos.
Oraciones transitivas
Los verbos transitivos llevan un complemento directo (CD). Las oraciones con verbos transitivos se denominan transitivas:
El defensa marcó un gol (CD) en su propia portería.
Extrajeron todo el petróleo (CD).
Oraciones intransitivas
Los verbos que no se construyen con complementos directos se llaman intransitivos y las oraciones con este tipo de verbos se denominan intransitivas:
Sus amigos venían de Sevilla.
Suceden cosas inquietantes.
ORACIÓN TRANSITIVA
El corredor (Suj) salta (V) la valla (CD)
Verbos transitivos sin CD
La mayor parte de los verbos transitivos necesitan el CD (marcó un gol, extrajeron todo el petróleo), pero algunos de estos verbos pueden construirse con CD o sin él. En el último caso, podríamos considerar intransitivas las oraciones que forman:
Comió mucha carne (CD, oración transitiva).
Comió muy temprano (oración intransitiva).
Oraciones transitivas
Los verbos transitivos llevan un complemento directo (CD). Las oraciones con verbos transitivos se denominan transitivas:
El defensa marcó un gol (CD) en su propia portería.
Extrajeron todo el petróleo (CD).
Oraciones intransitivas
Los verbos que no se construyen con complementos directos se llaman intransitivos y las oraciones con este tipo de verbos se denominan intransitivas:
Sus amigos venían de Sevilla.
Suceden cosas inquietantes.
ORACIÓN TRANSITIVA
El corredor (Suj) salta (V) la valla (CD)
Verbos transitivos sin CD
La mayor parte de los verbos transitivos necesitan el CD (marcó un gol, extrajeron todo el petróleo), pero algunos de estos verbos pueden construirse con CD o sin él. En el último caso, podríamos considerar intransitivas las oraciones que forman:
Comió mucha carne (CD, oración transitiva).
Comió muy temprano (oración intransitiva).
Oraciones atributivas y predicativas.
Según el tipo de predicado, las oraciones se clasifican en atributivas y predicativas.
Oraciones atributivas
Las oraciones de predicado nominal, es decir, las oraciones cuyo núcleo es un verbo copulativo, se denominan oraciones atributivas, porque, como hemos visto en la quincena anterior, el verdadero portador del significado es un elemento de carácter adjetivo al que llamamos atributo:
Ese chico es muy inteligente.
El tiempo está cambiante.
La mujer parecía extranjera.
Oraciones predicativas
Las oraciones de predicado verbal son oraciones predicativas. En las oraciones de predicado verbal, el núcleo sintáctico del predicado y también el núcleo del significado es el verbo.
Los verbos predicativos pueden ser de acción o movimiento, de lengua o de estado:
La familia comía patatas (verbo de acción).
Todos comentaban el rumor (verbo de lengua).
El abuelo murió relativamente joven (verbo de estado).
Oraciones atributivas
Las oraciones de predicado nominal, es decir, las oraciones cuyo núcleo es un verbo copulativo, se denominan oraciones atributivas, porque, como hemos visto en la quincena anterior, el verdadero portador del significado es un elemento de carácter adjetivo al que llamamos atributo:
Ese chico es muy inteligente.
El tiempo está cambiante.
La mujer parecía extranjera.
Oraciones predicativas
Las oraciones de predicado verbal son oraciones predicativas. En las oraciones de predicado verbal, el núcleo sintáctico del predicado y también el núcleo del significado es el verbo.
Los verbos predicativos pueden ser de acción o movimiento, de lengua o de estado:
La familia comía patatas (verbo de acción).
Todos comentaban el rumor (verbo de lengua).
El abuelo murió relativamente joven (verbo de estado).
Modalidades del enunciado.
Los enunciados se clasifican según cuál sea la actitud del hablante ante lo dicho:
Enunciativos: presentan el enunciado como un hecho, afirmándolo o negándolo:
Sale todos los días.
No sale todos los días.
Interrogativos: el enunciado tiene forma de una pregunta. Pueden ser de dos tipos:
- Totales: los que sólo admiten como respuesta sí, no, quizás:
¿Ha salido el sol?
- Parciales: la pregunta afecta solo a una parte del enunciado:
¿Dónde ha puesto las llaves?
Imperativos: los enunciados son órdenes:
¡Atención!
Ven inmediatamente.
No lo olvides.
Desiderativos: el enunciado expresa un deseo. Siempre son exclamativos y van introducidos por adverbios (ojalá, así) o por la conjunción que:
¡Ojalá lo sepa!
¡Que dure este día!
Dubitativos: el enunciado expresa una duda o posibilidad. Van introducidos por adverbios (quizá(s)) y locuciones adverbiales (a lo mejor, tal vez):
Tal vez lo tenga.
A lo mejor lo tiene.
Enunciativos: presentan el enunciado como un hecho, afirmándolo o negándolo:
Sale todos los días.
No sale todos los días.
Interrogativos: el enunciado tiene forma de una pregunta. Pueden ser de dos tipos:
- Totales: los que sólo admiten como respuesta sí, no, quizás:
¿Ha salido el sol?
- Parciales: la pregunta afecta solo a una parte del enunciado:
¿Dónde ha puesto las llaves?
Imperativos: los enunciados son órdenes:
¡Atención!
Ven inmediatamente.
No lo olvides.
Desiderativos: el enunciado expresa un deseo. Siempre son exclamativos y van introducidos por adverbios (ojalá, así) o por la conjunción que:
¡Ojalá lo sepa!
¡Que dure este día!
Dubitativos: el enunciado expresa una duda o posibilidad. Van introducidos por adverbios (quizá(s)) y locuciones adverbiales (a lo mejor, tal vez):
Tal vez lo tenga.
A lo mejor lo tiene.
Una revolución cultural: la imprenta
Johannes Gutenberg (1398-1468) revolucionó la cultura occidental gracias a su invento, la imprenta de tipos móviles. Tras trabajar como herrero, obtuvo un préstamo de un banquero judío, gracias al cual publicó en 1449 el Misal de Constanza, primer libro tipográfico del mundo. Pero la obra impresa con la que se inaugura una nueva época en la difusión de las letras es la conocida como Biblia de Gutenberg (1456). Pese a todo, Gutenberg no pudo rentabilizar su idea y murió en la penuria.
La imprenta es un método industrial de reproducción de textos e imágenes sobre papel, que consiste en aplicar una tinta sobre unas piezas metálicas, llamadas tipos, para transferirla al papel por presión.
Desde antiguo, existía el precedente de la xilografía, técnica china consistente en rebajar en una plancha de madera las partes que han de quedar en blanco y, una vez entintada, aplicarla sobre papel de arroz. Gutenberg sustituyó la madera por el metal, y fabricó un sistema de tipos móviles que permitían la composición de un número ilimitado de textos. Para la impresión adaptó una vieja prensa de vino. El resultado fue un procedimiento tipográfico que permaneció inalterado hasta principios del siglo XX.
Llamamos incunables a los libros impresos hasta 1500. En un primer momento, los libros impresos trataron de imitar a los códices medievales, que habían alcanzado un gran prestigio por su alto grado de perfección. En ellos era costumbre dejar los huecos para ilustraciones y letras capitales, que eran decoradas posteriormente a mano.
A partir de la imprenta, la cultura, preservada de su olvido y destrucción gracias a la titánica tarea de los monjes en monasterios y abadías, empieza a difundirse con gran rapidez. Las obras cobrarán una influencia social que hasta entonces no tenían.
La imprenta es un método industrial de reproducción de textos e imágenes sobre papel, que consiste en aplicar una tinta sobre unas piezas metálicas, llamadas tipos, para transferirla al papel por presión.
Desde antiguo, existía el precedente de la xilografía, técnica china consistente en rebajar en una plancha de madera las partes que han de quedar en blanco y, una vez entintada, aplicarla sobre papel de arroz. Gutenberg sustituyó la madera por el metal, y fabricó un sistema de tipos móviles que permitían la composición de un número ilimitado de textos. Para la impresión adaptó una vieja prensa de vino. El resultado fue un procedimiento tipográfico que permaneció inalterado hasta principios del siglo XX.
Llamamos incunables a los libros impresos hasta 1500. En un primer momento, los libros impresos trataron de imitar a los códices medievales, que habían alcanzado un gran prestigio por su alto grado de perfección. En ellos era costumbre dejar los huecos para ilustraciones y letras capitales, que eran decoradas posteriormente a mano.
A partir de la imprenta, la cultura, preservada de su olvido y destrucción gracias a la titánica tarea de los monjes en monasterios y abadías, empieza a difundirse con gran rapidez. Las obras cobrarán una influencia social que hasta entonces no tenían.
La Danza de la Muerte
En la segunda mitad del siglo XIV empieza a popularizarse en Francia la denominada Danse Macabré, que durante todo el siglo XV inspirará numerosas manifestaciones gráficas y pictóricas en iglesias y cementerios. Son famosos los frescos pintados en 1425 en el Cementerio de los Inocentes de París.
En dicha Danse Macabré la muerte toma la palabra para invitar a bailar a representantes de todos los estamentos, gremios y grupos sociales, empezando por el Papa, que debe abrir el baile como "le plus digne seigneur" . Le seguirán el Emperador, los nobles, un abogado, un médico...
Poco después aparece una Danse Macabré des femmes, protagonizada sólo por mujeres y atribuida a Martial d´Auvergne.
La Danza general de la Muerte castellana, escrita a principios del siglo XV por un autor anónimo, imita el orden decreciente, pero aumenta considerablemente los "danzantes" logrando pintar un fresco completísimo de la sociedad de su época. A excepción de un monje (LXI) y un ermitaño (LXIX), que sí han sabido prepararse para el momento supremo, todos los personajes intentan escapar patéticamente del baile, y son escarnecidos por la Muerte. Pero tal vez las peor tratadas son dos mujeres bellas:
En dicha Danse Macabré la muerte toma la palabra para invitar a bailar a representantes de todos los estamentos, gremios y grupos sociales, empezando por el Papa, que debe abrir el baile como "le plus digne seigneur" . Le seguirán el Emperador, los nobles, un abogado, un médico...
Poco después aparece una Danse Macabré des femmes, protagonizada sólo por mujeres y atribuida a Martial d´Auvergne.
La Danza general de la Muerte castellana, escrita a principios del siglo XV por un autor anónimo, imita el orden decreciente, pero aumenta considerablemente los "danzantes" logrando pintar un fresco completísimo de la sociedad de su época. A excepción de un monje (LXI) y un ermitaño (LXIX), que sí han sabido prepararse para el momento supremo, todos los personajes intentan escapar patéticamente del baile, y son escarnecidos por la Muerte. Pero tal vez las peor tratadas son dos mujeres bellas:
Nuevos aires desde Italia: Dante
Según explica Estacio a Dante en el canto XXV del Purgatorio, el feto humano nace con un alma semejante a la de una planta. Después desarrolla sus miembros hasta convertirse en un animal, y es en ese momento cuando Dios le inspira un espíritu. La teoría formulada por Estacio encaja bastante bien con el planteamiento humanista según el cual la naturaleza humana encierra en sí misma como potencia todas las naturalezas inferiores.
Este planteamiento convive con el concepto aristotélico del amor, que se define con un deseo de los seres por unirse al ámbito de su propia naturaleza. Así, si lanzamos una piedra, esta cae al suelo porque, al ser de naturaleza mineral, tiende a unirse (esto es "ama") al suelo. El cuerpo humano también experimenta esta atracción "amorosa" por el suelo, de ahí que nos cueste más caminar cuesta arriba. Por una razón análoga, el fuego se mueve siempre hacia arriba, porque desea unirse al cielo ígneo, o sea, al sol. En esta época, la ciencia occidental aún sigue lastrada por las teorías aristotélicas sobre mecánica y cinética. Dante también participa de ellas, aunque las aplica a un ámbito filosófico-poético. La cuestión es la siguiente: si los seres tienden a moverse hacia la esfera cósmica análoga a su naturaleza, dentro del esquema ptolemaico cristianizado que emplea Dante, o hacia otros seres propios de ella, ¿qué pasa con un ser de naturaleza múltiple, como es el hombre?
Sólo el ejercicio de su libre albedrío actualizará su verdadera forma, definitivamente, en el Más Allá. Esa es la explicación de que a través de los dos primeros cantos de la Divina Comedia encontremos a numerosos personajes metamorfoseados en animales, e incluso en vegetales o minerales. Sin embargo, el protagonista logra encontrar el camino del Paraíso (a través de ese universo ptolemaico de esferas concéntricas con la Tierra en el centro) siguiendo al espíritu de su amada Beatriz. Esta es la gran novedad que viene de Italia: el amor humano se revaloriza enormemente, y aparece como una fuerza que catapulta al hombre hacia su plenitud espiritual.
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Este planteamiento convive con el concepto aristotélico del amor, que se define con un deseo de los seres por unirse al ámbito de su propia naturaleza. Así, si lanzamos una piedra, esta cae al suelo porque, al ser de naturaleza mineral, tiende a unirse (esto es "ama") al suelo. El cuerpo humano también experimenta esta atracción "amorosa" por el suelo, de ahí que nos cueste más caminar cuesta arriba. Por una razón análoga, el fuego se mueve siempre hacia arriba, porque desea unirse al cielo ígneo, o sea, al sol. En esta época, la ciencia occidental aún sigue lastrada por las teorías aristotélicas sobre mecánica y cinética. Dante también participa de ellas, aunque las aplica a un ámbito filosófico-poético. La cuestión es la siguiente: si los seres tienden a moverse hacia la esfera cósmica análoga a su naturaleza, dentro del esquema ptolemaico cristianizado que emplea Dante, o hacia otros seres propios de ella, ¿qué pasa con un ser de naturaleza múltiple, como es el hombre?
Sólo el ejercicio de su libre albedrío actualizará su verdadera forma, definitivamente, en el Más Allá. Esa es la explicación de que a través de los dos primeros cantos de la Divina Comedia encontremos a numerosos personajes metamorfoseados en animales, e incluso en vegetales o minerales. Sin embargo, el protagonista logra encontrar el camino del Paraíso (a través de ese universo ptolemaico de esferas concéntricas con la Tierra en el centro) siguiendo al espíritu de su amada Beatriz. Esta es la gran novedad que viene de Italia: el amor humano se revaloriza enormemente, y aparece como una fuerza que catapulta al hombre hacia su plenitud espiritual.
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Procedimientos morfológicos de formación de palabras.
Además de los procedimientos de cambio semántico estudiados en la página anterior, la lengua posee sus propios mecanismos para formar neologismos con los que renovarse. Se trata de la derivación, la composición y la parasíntesis. A ellas se suman la formación de siglas y acrónimos.
Derivación: consiste en añadir afijos a una raíz léxica. Los afijos pueden ser
a) prefijos (re-hacer),
b) sufijos (volcán -ico)
c) interfijos (pan -ec- illo).
Composición: consiste en unir dos o más raíces léxicas. Es el caso de mata + moscas, medio + día o limpia + para + brisas. Sobre una palabra ya compuesta (para + caídas) podemos aplicar la derivación (para + caíd + ista), pero la palabra se sigue considerando compuesta.
Parasíntesis: consiste en unir más de dos elementos compositivos de forma simultánea. Es el caso de en + cárcel + ar (no existe *encarcel ni * carcelar) o siete + mes + ino (no existe *sietemes ni *mesino).
Siglas y Acrónimos: así denominamos a las palabras formadas a partir de letras tomadas de distintas palabras. Es el caso de OLP (Organización para la Liberación de Palestina) o FCT (Formación en Centros de Trabajo).
Cuando las siglas pueden leerse silabeando, como cualquier otra palabra, se denominan acrónimos. Es el caso de AVE (Alta Velocidad Española) o ERE (Expediente de Regulación de empleo).
Derivación: consiste en añadir afijos a una raíz léxica. Los afijos pueden ser
a) prefijos (re-hacer),
b) sufijos (volcán -ico)
c) interfijos (pan -ec- illo).
Composición: consiste en unir dos o más raíces léxicas. Es el caso de mata + moscas, medio + día o limpia + para + brisas. Sobre una palabra ya compuesta (para + caídas) podemos aplicar la derivación (para + caíd + ista), pero la palabra se sigue considerando compuesta.
Parasíntesis: consiste en unir más de dos elementos compositivos de forma simultánea. Es el caso de en + cárcel + ar (no existe *encarcel ni * carcelar) o siete + mes + ino (no existe *sietemes ni *mesino).
Siglas y Acrónimos: así denominamos a las palabras formadas a partir de letras tomadas de distintas palabras. Es el caso de OLP (Organización para la Liberación de Palestina) o FCT (Formación en Centros de Trabajo).
Cuando las siglas pueden leerse silabeando, como cualquier otra palabra, se denominan acrónimos. Es el caso de AVE (Alta Velocidad Española) o ERE (Expediente de Regulación de empleo).
El cambio semántico. Metáfora y Metonimia.
Las lenguas son realidades vivas, que van transformándose de forma paralela a las comunidades humanas que las utilizan. Aparecen palabras nuevas (neologismos) al tiempo que otras van quedando en desuso (arcaísmos). En otros casos, palabras ya existentes reciben nuevos significados. Son muchos los fenómenos lingüísticos que dan lugar al cambio semántico, entre ellos la metáfora y la metonimia.
I. Metáfora:
Aunque probablemente la conocerás por su uso literario, lo cierto es que en la lengua convencional es un potente factor de cambio semántico. Se da cuando existe una relación de semejanza entre los referentes de dos palabras distintas. Por ejemplo, llamamos ratón al periférico del ordenador que usamos para mover el cursor de la pantalla por su semejanza con el pequeño roedor.
II. Metonimia:
El cambio semántico se produce por la proximidad (física o conceptual) entre los referentes de dos palabras. Es el caso de la palabra cuello que ha pasado a designar también la parte de una camisa u otra prenda de vestir que está en contacto con esa parte del cuerpo. Otras relaciones que dan lugar a metonimia son:
Todo por la parte. La ciudad de Madrid se echó a la calle.
Parte por el todo. Dos cabezas de ganado.
Procedencia. Beberemos un rioja.
Operador de un instrumento. El cámara de TV.
I. Metáfora:
Aunque probablemente la conocerás por su uso literario, lo cierto es que en la lengua convencional es un potente factor de cambio semántico. Se da cuando existe una relación de semejanza entre los referentes de dos palabras distintas. Por ejemplo, llamamos ratón al periférico del ordenador que usamos para mover el cursor de la pantalla por su semejanza con el pequeño roedor.
II. Metonimia:
El cambio semántico se produce por la proximidad (física o conceptual) entre los referentes de dos palabras. Es el caso de la palabra cuello que ha pasado a designar también la parte de una camisa u otra prenda de vestir que está en contacto con esa parte del cuerpo. Otras relaciones que dan lugar a metonimia son:
Todo por la parte. La ciudad de Madrid se echó a la calle.
Parte por el todo. Dos cabezas de ganado.
Procedencia. Beberemos un rioja.
Operador de un instrumento. El cámara de TV.
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