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sábado, 10 de mayo de 2014

Kant - Comparación y actualidad

Comparación y actualidad de Kant:


Voy a realizar la comparación entre el formalismo ético de Kant y el emotivismo ético de Hume, porque aunque se trata de pensadores ilustrados, las diferencias entre ambos son notables, como trataré de exponer. El empirismo de Hume lo llevó a pensar que no era la razón el fundamento de la moral, como hasta ese momento habían dado por hecho la mayoría de los filósofos. Según Hume nuestra capacidad racional no nos puede indicar lo bueno y lo malo; según este filósofo el fundamento de la moral se encuentra en los sentimientos. Los juicios morales tienen su origen en las reacciones que nos provocan determinadas situaciones. La teoría de Kant se opone fuertemente a la anterior. No niega por ello el hecho de que el ser humano es algo más que razón, que también está formado por sentimientos, deseos,… pero llega a la conclusión de que los grandes males de la humanidad se han originado por seguir los impulsos y los deseos, por no guiarnos por la razón estrictamente autónoma. 

La ética de Kant será profundamente racional, se fundamentará en juicios morales que prescinden de los sentimientos e inclinaciones (deseos). Según Kant el progreso del ser humano va a estar ligado exclusivamente al uso de la razón en nuestra manera de actuar.La ética de Hume se clasifica como material, mientras que la de Kant es formal. Las éticas materiales como, por ejemplo, pueden serlo la moral cristiana (ética material espiritual) o la ética hedonista (ética material materialista) se basan en proponer un fin supremo a conseguir, una finalidad, es decir, éstas tienen contenido. La ética formal kantiana es única y sin contenido. Lo que hace moral a una acción es la formal, el modo de realizar esa acción. Podemos decir que la ética de Hume es utilitarista, empírica y a posteriori; mientras que la de Kant es una ética de intenciones, racional y a priori. La ética de Hume presenta juicios particulares basados en la experiencia, al contrario que los juicios kantianos que son universales. 

Los imperativos de estas éticas que estamos contraponiendo son totalmente diferentes, ya que uno es hipotético (Hume) y otro es categórico, puesto que se hace lo que se debe hacer sin pensar en finalidad alguna. La ética de Hume presenta características de ser heterónoma, ya que la ley viene dada por algo exterior, en este caso, nos basamos en sentimientos y experiencias. La ética de Kant es plenamente autónoma, porque se necesita haber salido de la “minoría de edad” para marcarnos nuestros propios juicios morales, actuando siempre conforme nos dicta la razón. Las éticas materiales, como ya se ha dicho, buscan un fin supremo (en el caso de la ética de Hume la utilidad, el agrado) y nos dicen cómo actuar para conseguirlo. La ética de Kant en cambio se basa en el deber. Para éste no hay ningún objetivo supremo a conseguir, simplemente hemos de obrar por puro respeto al deber. La única acción moralmente válida es la que se hace por deber, nunca contraria al deber ni conforme al deber. Por último, Hume adopta una posición escéptica y agnóstica (ni niega ni afirma la existencia de Dios, pero sí que afirma que no hay posibilidad de conocerlo). Mantiene la posición de imposibilidad de conocer este supuesto ya que nuestro conocimiento está limitado por la experiencia. Kant concibe a Dios como postulado de la razón práctica, aunque al principio mantiene una posición agnóstica.

 Debemos entender por postulado algo que no se puede afirmar o demostrar pero se hace necesario creer en su existencia, ya que en ello se basa la ley moral. ACTUALIDAD: Pienso que a lo largo de la obra de Kant se tratan con claridad temas de gran importancia en la realidad, en la filosofía y en el general en todos los ámbitos de nuestra vida, ya que la nos habla del deber como una ley objetiva que debemos cumplir por puro respeto a la ley, sin dar cuenta a cuál sea nuestra voluntad; en muchas ocasiones debemos ser un poco más racionales e intentar cumplir la ley, aunque nuestros sentimientos y emociones nos digan lo contrario. Aunque creo que lo realmente bueno sería un equilibrio pleno entre nuestra parte racional y sentimental, sólo así lograríamos convivir en armonía y ser felices, también dando rienda suelta a nuestras emociones y sentimientos, que debemos dejar aflorar en su debido momento. 

Un tema de actualidad relacionado con la ética kantiana es el actual debate de la aceptación de la eutanasia en nuestra sociedad. Según Kant debemos actuar por deber sea cual sea nuestro sentimiento, nuestras ganas de morir, o las circunstancias trágicas que nos rodeen. En este caso, el deber consistiría en conservar la vida, porque según los imperativos categóricos deberíamos de actual según una ley que se tornara universal para todo el mundo; y si optamos por dejar de vivir, si todo el mundo tuviera la misma actuación, la vida se extinguiría. Aún así, el debate sigue vigente, puesto que hay muchos tipos de enfermedades y las circunstancias, a mi parecer, siempre se tienen que tener en cuenta.

Kant - El deber

Deber:


Un hombre actúa moralmente, dice Kant, cuando actúa por deber. Define el deber como la necesidad de una acción por respeto a la ley. Exclusivamente por respeto, no por otras causas: miedo, interés, etc… Con respecto a esta cuestión del deber, eje central de toda la ética kantiana, se detiene a considerar los tres tipos de acciones posibles relacionados con el deber. Las acciones contrarias al deber. Las acciones conforme al deber Las acciones por deber Respecto del primer tipo no cabe duda de su falta de moralidad. El problema está en distinguir las dos restantes. La única acción con valor moral es la realizada por deber. La acción conforme al deber no es moral. Son acciones distintas aunque el resultado de las dos sea el mismo: cumplir con la ley moral. Las acciones morales se reconocen no por el resultado de la acción, sino por el principio (motivo) que nos lleva a realizarlas. Sólo son acciones morales las que están motivadas por el puro respeto a la ley. Las acciones conforme al deber cumplen la ley pero su motivación no es el respeto sino otro: miedo, interés, etc… Ejemplo: Un tendero actúa contra el deber cuando pone a sus productos, a sabiendas, un precio excesivo. Actúa conforme al deber cuando establece un precio justo pero lo hace o bien por miedo a ser multado, o por el interés de no perder clientela. Actúa moralmente cuando pone el precio justo, exclusivamente, por el hecho de que es lo que dicta el deber. Imperativo Categórico:

La fórmula que expresa esta moral kantiana del deber es el denominado Imperativo Categórico. Dice así: “Obra sólo según una máxima (principio) tal que puedas querer, al mismo tiempo, que se torne ley universal”. Este imperativo vincula nuestras acciones particulares con las leyes universales. El imperativo viene a preguntarnos si podemos querer que los principios particulares, que nos mueven a actuar en cada caso, se conviertan en ley que regule la acción de todos los hombres. Si la respuesta es positiva es que esa acción es moral, si es negativa, es inmoral. (Ejemplo: yo deseo tener unas zapatillas de marca y como no puedo comprarlas las robo. Lo que el imperativo me preguntaría es si la máxima de mi voluntad, en este caso el hecho de tomar por la fuerza aquello que deseo, puedo querer que se convierta en ley universal, es decir, si puedo querer que tomar las cosas por la fuerza sea una norma que deba seguir todo el mundo. Si la respuesta es no sabré que es una acción inmoral.) Kant da otras dos formulaciones del imperativo categórico que son derivaciones del primero: “Obra como si la máxima de tu acción debiera tornarse, por tu voluntad, en ley universal de la naturaleza”. “Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca como un medio”. Postulados de la Razón Práctica:

Por último, trataremos la cuestión de los Postulados de la Razón Práctica. Una vez formulada, Kant está en disposición de afirmar que de su ética formal se postulan tres conclusiones fundamentales para la comprensión del hombre. Un postulado es una conclusión que se deduce a partir de unos principios pero que no se puede demostrar en la experiencia. Las deducciones a las que llega Kant a partir de su ética son las que siguen: - La Libertad del hombre. La exigencia moral de actuar por deber supone la Libertad. Si estuviéramos determinados a actuar siempre de un modo no podríamos escoger como actuar. Las acciones por tanto no tendrían ningún valor moral. El valor moral, el mérito se lo da a una acción el escogerla entre otras posibles (elegir actuar por deber en vez de hacerlo contra o conforme al deber). Sin Libertad no existe la moral - La Inmortalidad del Alma: La razón práctica nos ordena aspirar a la virtud, nos exige conseguir que nuestra voluntad coincida con la ley moral. Es decir, que lo que queremos hacer coincida con lo que debemos hacer. Kant afirma que esta tarea es muy complicada y que es imposible realizarla en una existencia limitada, sólo es posible en un proceso infinito, exige una duración ilimitada del alma. - La Existencia de Dios: En el mundo encontramos disconformidad entre el ser y el deber ser. Nunca son las cosas como deben ser. Pero el objetivo final de la ética es conseguir esa identidad entre ser y deber ser. Kant piensa que esa identidad debe ser posible (sino la ética sería un engaño, por imposible) y debe darse en alguien. La entidad en la que se da la identidad entre ser y deber no puede ser otro más que Dios. Los conceptos de Dios y alma habían sido rechazados en la Crítica de la Razón Pura como imposibles para la ciencia, como inabarcables por el conocimiento ya que no son experimentables. Ahora, desde la Razón práctica, son recuperados.

Kant- Originalidad y éticas materiales

Originalidad y éticas materiales:


Kant distingue dos funciones en la razón: la razón pura o teórica que responde a la pregunta ¿cómo es posible conocer?; y la razón práctica que contesta a ¿cómo debemos actuar? Es decir, la razón pura se dedica a las cuestiones del conocimiento y la práctica a las cuestiones éticas.

Originalidad: Si en el ámbito del conocimiento Kant fue innovador y supuso un vuelco de las concepciones de su época (Giro copernicano de Kant). En el ámbito de la ética (razón práctica) también aportará un planteamiento original y revolucionario respecto a las éticas de la tradición filosófica.

Características de las Éticas Materiales: Kant propone una ética nueva, a la que llama ética formal, frente a todas las éticas que han existido hasta entonces a las que engloba bajo el nombre de éticas materiales. Kant señala en las éticas materiales dos aspectos que las definen: - Establecen un Bien Supremo que se convierte en criterio de conducta. La bondad o maldad de las acciones dependerá de ese Bien Supremo. Las acciones que nos acerquen al Bien Supremo serán calificadas como buenas y las que nos alejen serán malas. (Ejemplo: Dios en las morales Cristiana o Musulmana, el placer en el hedonismo, etc.) - Fijan preceptos materiales (tratan sobre asuntos concretos). Estas normas o preceptos están encaminados a lograr ese Bien Supremo. (Ejemplo: “No matarás” en la moral Cristiana, “bebe con moderación” en el epicureismo,etc.) En definitiva, Kant afirma que las éticas materiales son éticas con contenidos, es decir, nos dicen lo que hay que hacer en cada caso y establecen un Bien Supremo.

Crítica a las éticas materiales: Kant considera que las éticas materiales no poseen las características necesarias para una ética válida universalmente. La crítica de Kant a las éticas materiales se centrará en los siguientes aspectos: 1. Son empíricas (a posteriori). Su contenido está extraído de la experiencia. (Ejemplo: ¿Por qué decidimos que el placer es bueno? Por experiencia. ¿Cómo sabemos que beber en exceso es malo? Porque lo hemos experimentado). Sin embargo, Kant sostiene que los juicios a posteriori son contingentes (pueden ser ciertos o no) y considera que las proposiciones éticas tienen que ser universales y necesarias, es decir, tienen que ser a priori. 2. Los preceptos de las éticas materiales son hipotéticos o condicionales. Es decir, los preceptos de estas éticas pueden transformarse siempre en una expresión condicional del tipo: Si… entonces…. (Ejemplo: “no bebas en exceso”= “Si no quieres tener resaca entonces no bebas en exceso”). No valen absolutamente sino que esconden, dentro de sí, una condición. Son medios para conseguir un fin. Kant critica esta característica porque concibe la ética como categórica, sus preceptos deben obligar necesaria y absolutamente, sin posibilidad de condiciones o excusas. 3. las éticas materiales son heterónomas. Los hombres reciben las normas de algo exterior a la propia razón. Una inclinación hacia algo exterior es lo que nos mueve a obrar. (Ejemplo: en el cristianismo es el deseo de imitar a Dios lo que nos mueve, para Platón la Idea de Bien, el placer para Epicuro, siempre algo exterior a nuestra razón). Kant quiere una ética racional, por tanto, una ética que se de el hombre a sí mismo desde su razón. Una ética autónoma. Ética Formal:

La ética de Kant pretende ser universal (válida para todos los hombres y épocas) y racional, por tanto: no puede ser a posteriori, sino a priori; no puede ser hipotética, sino categórica; no debe ser heterónoma sino autónoma. Una ética así debe ser Formal y no material. Lo que caracteriza a la ética formal es que es una ética sin contenido. No fija un Bien Supremo que deba ser perseguido, ni nos dice lo que debemos hacer en cada caso particular (no establece preceptos materiales). La ética formal no nos dice que cosas tenemos que hacer, sino como debemos actuar siempre, independientemente de la situación concreta. Nos da una única ley aplicable para todas las circunstancias.

Kant - Contexto histórico-cultural-filosófico

Contexto de Kant:


Immnauel Kant vivió en el siglo XVIII, coincidiendo con la independencia de Estados Unidos, la Revolución francesa en 1789 con la ocupación de la Bastilla, y los inicios de la Revolución Industrial. Estos cambios estuvieron vinculados a la consolidación del capitalismo y al ascenso social y político de la burguesía, quien impuso un nuevo modelo cultural: la Ilustración. Kant la describe como aquella actitud mental por la que el hombre se decide a salir de su «minoría de edad [...] utilizando su razón sin ayuda de otro».

En este siglo denominado El siglo de las luces se pretende desenterrar al hombre del oscurantismo en que viven por ignorancia o por superstición, como transmitíImmnauel Kant vivió en el siglo XVIII, coincidiendo con la independencia de Estados Unidos, la Revolución francesa en 1789 con la ocupación de la Bastilla, y los inicios de la Revolución Industrial. Estos cambios estuvieron vinculados a la consolidación del capitalismo y al ascenso social y político de la burguesía, quien impuso un nuevo modelo cultural: la Ilustración. Kant la describe como aquella actitud mental por la que el hombre se decide a salir de su «minoría de edad [...] utilizando su razón sin ayuda de otro». En este siglo denominado El siglo de las luces se pretende desenterrar al hombre del oscurantismo en que viven por ignorancia o por superstición, como transmitía la enseñanza religiosa. Igualmente propugna la expresión latina: sapere aude! (atrévete a saber) donde se invita al hombre a iniciar la búsqueda y la expansión del conocimiento. En el terreno político, predomina el despotismo ilustrado, sistema en el que los monarcas aplicaban las reformas sociales propugnadas por los ilustrados, pero sin contar con la participación popular. 

En Prusia, el prototipo de monarca ilustrado fue Federico II el Grande – muy admirado por Kant -, protector de la libertad de pensamiento. La práctica de las ideas ilustradas se aprecia a finales de siglo en el paso del antiguo al nuevo régimen mediante la abolición de los estamentos privilegiados, de monarquía absoluta a una monarquía parlamentaria o a la república y, ante todo, que los hombres dejen de ser súbditos para convertirse en ciudadanos. La Ilustración lleva al hombre a responsabilizarse de su saber y de su obrar, ejerciendo la fuerza del pensar por sí mismo y decida sus acciones personalmente.

La Enciclopedia de Diderot y D`alembert (1751-1771), que defendía los principios de la tolerancia, cosmopolitismo y respeto a la dignidad del ser humano, es la mejor expresión de los ideales ilustrados: saber es clarificación, la luz que ayudará a satisfacer todas las necesidades y solucionar todos los problemas de los hombres. Con la Ilustración culmina el movimiento de secularización característico de la Edad Moderna: la razón se libera de cualquier tutela política o religiosa. Todos los ilustrados compartieron el ideal de progreso: pensaban que los avances educativos, científicos y tecnológicos harían posible una humanidad más justa e igualitaria. Así, Kant proponía fundar una Sociedad de Naciones que acabara con la rivalidad entre los Estados. En el terreno científico, la física de Newton culminaba la obra de Copérnico, Kepler y Galileo, con una concepción de la ciencia basada en la combinación de la experimentación y el cálculo matemático.

 En este siglo, la ciencia avanzó de forma considerable. Con el incipiente desarrollo de la ciencia y la técnica, la cultura deja a un lado las referencias trascendentales con las que se planteó en épocas anteriores. Este proceso recibe el nombre de secularización de la cultura. En el contexto filosófico, desde el racionalismo dogmático alemán, Wolff mantenía la posibilidad de la metafísica, es decir, un saber a priori, independiente de la experiencia, acerca del alma, del mundo y de Dios. Desde el empirismo, Hume, al fundar el conocimiento humano a priori, en la experiencia, consideraba la metafísica una ciencia imposible. Se considera que la razón humana es autónoma, no depende de la cultura, la religión o la política.

 Precisamente estas últimas tienen que fundarse en la razón ya que a diferencia del conocimiento engañoso que nos proporcionan los sentidos, el conocimiento que nos proporciona la razón puede ser cierto y seguro. Esto provoca que la intención ilustrada sea ordenar la vida moral según la propia razón, y no según gustos o costumbres. De este pensamiento se extrae que la conciencia del deber o la virtud no nacen desde fuera de la razón humana, sino desde dentro del propio sujeto. De igual forma, estas afirmaciones se extrapolan al terreno político, y se comienza a buscar un régimen político adecuado para la razón humana (como razón pública) y se desarrolla un derecho estrictamente “racional” o “natural”. A partir de este derecho se ordenan los Estados como “Estados de derecho” y se llegan a explicar como resultados de la voluntad humana que realiza un contrato (Locke. De esta manera, nace el contractualismo político con el que se expresa la voluntad general (Rousseau), y con esta fórmula del contrato se consigue equilibrar las ideas de tolerancia, respeto y libertad. 

En el ámbito religioso destacan tres corrientes: el deísmo de Voltaire, que mantenía una religión natural, válida para todos los seres humanos y sin dogmas; el pietismo, secta protestante fundida por Spener, que basaba la religión en la reflexión personal y en la práctica de la virtud; y el ocultismo místico de teósofos como el sueco Swedenborg, que significó el contrapunto a la filosofía de las luces.

Ortega y Gasset - Textos

Textos de Ortega y Gasset:

(Marcados en color los fragmentos que caído en selectividad en los últimos años)
“La doctrina del punto de vista”
Contraponer la cultura a la vida y reclamar para ésta la plenitud de sus derechos frente a aquélla no es hacer profesión de fe anticultural. Si se interpreta así lo dicho anteriormente, se practica una perfecta tergiversación. Quedan intactos los valores de la cultura; únicamente se niega su exclusivismo. Durante siglos se viene hablando exclusivamente de la necesidad que la vida tiene de la cultura. Sin desvirtuar lo más mínimo esta necesidad, se sostiene aquí que la cultura no necesita menos de la vida. Ambos poderes -el inmanente de lo biológico y el trascendente de la cultura- quedan de esta suerte cara a cara, con iguales títulos, sin supeditación del uno al otro. Este trato leal de ambos permite plantear de una manera clara el problema de sus relaciones y preparar una síntesis más franca y sólida. Por consiguiente, lo dicho hasta aquí es sólo preparación para esa síntesis en que culturalismo y vitalismo, al fundirse, desaparecen.
Recuérdese el comienzo de este estudio. La tradición moderna nos ofrece dos maneras opuestas de hacer frente a la antinomia entre vida y cultura. Una de ellas, el racionalismo, para salvar la cultura niega todo sentido a la vida. La otra, el relativismo, ensaya la operación inversa: desvanece el valor objetivo de la cultura para dejar paso a la vida. Ambas soluciones, que a las generaciones anteriores parecían suficientes, no encuentran eco en nuestra sensibilidad. Una y otra viven a costa de cegueras complementarias. Como nuestro tiempo no padece esas obnubilaciones, como se ve con toda claridad en el sentido de ambas potencias litigantes, ni se aviene a aceptar que la verdad, que la justicia, que la belleza no existen, ni a olvidarse de que para existir necesitan el soporte de la vitalidad.Aclaremos este punto concretándonos a la porción mejor definible de la cultura: el conocimiento.
El conocimiento es la adquisición de verdades, y en las verdades se nos manifiesta el universo trascendente (transubjetivo) de la realidad. Las verdades son eternas, únicas e invariables. ¿Cómo es posible su insaculación dentro del sujeto?. La respuesta del Racionalismo es taxativa: sólo es posible el conocimiento si la realidad puede penetrar en él sin la menor deformación. El sujeto tiene, pues, que ser un medio transparente, sin peculiaridad o color alguno, ayer igual a hoy y mañana por tanto, ultravital y extra-histórico. Vida es peculiaridad, cambio, desarrollo; en una palabra: historia. La respuesta del relativismo no es menos taxativa. El conocimiento es imposible; no hay una realidad trascendente, porque todo sujeto real es un recinto peculiarmente modelado. Al entrar en él la realidad se deformaría, y esta deformación individual sería lo que cada ser tomase por la pretendida realidad.
Es interesante advertir cómo en estos últimos tiempos, sin común acuerdo ni premeditación, psicología, y teoría del conocimiento, al revisar los hechos de que ambas actitudes partían, han tenido que rectificarlos, coincidiendo en una nueva manera de plantear la cuestión.
El sujeto, ni es un medio transparente, un "yo puro" idéntico e invariable, ni su recepción de la realidad produce en ésta deformaciones. Los hechos imponen una tercera opinión, síntesis ejemplar de ambas. Cuando se interpone un cedazo o retícula en una corriente, deja pasar unas cosas y detiene otras; se dirá que las selecciona, pero no que las deforma. Esta es la función del sujeto, del ser viviente ante la realidad cósmica que le circunda. Ni se deja traspasar sin más ni más por ella, como acontecería al imaginario ente racional creado por las definiciones racionalistas, ni finge él una realidad ilusoria. Su función es claramente selectiva. De la infinidad de los elementos que integran la realidad, el individuo, aparato receptor, deja pasar un cierto número de ellos, cuya forma y contenido coinciden con las mallas de su retícula sensible. Las demás cosas, -fenómenos, hechos, verdades- quedan fueran, ignoradas, no percibidas.
Un ejemplo elemental y puramente fisiológico se encuentra en la visión y en la audición. El aparato ocular y el auditivo de la especie humana reciben ondas vibratorias desde cierta velocidad mínima hasta cierta velocidad máxima. Los colores y sonidos que queden más allá o más acá de ambos límites le son desconocidos. Por tanto, su estructura vital influye en la recepción de la realidad; pero esto no quiere decir que su influencia o intervención traiga consigo una deformación. Todo un amplio repertorio de colores y sonidos reales, perfectamente reales, llega a su interior y sabe de ellos.
Como son los colores y sonidos acontece con las verdades. La estructura psíquica de cada individuo viene a ser un órgano perceptor, dotado de una forma determinada que permite la comprensión de ciertas verdades y está condenado a inexorable ceguera para otras. Así mismo, para cada pueblo y cada época tienen su alma típica, es decir, una retícula con mallas de amplitud y perfil definidos que le prestan rigorosa afinidad con ciertas verdades e incorregible ineptitud para llegar a ciertas otras. Esto significa que todas las épocas y todos los pueblos han gozado su congrua porción de verdad, y no tiene sentido que pueblo ni época algunos pretendan oponerse a los demás, como si a ellos les hubiese cabido en el reparto la verdad entera. Todos tienen su puesto determinado en la serie histórica; ninguno puede aspirar a salirse de ella, porque esto equivaldría a convertirse en un ente abstracto, con integra renuncia a la existencia.
Desde distintos puntos de vista, dos hombres miran el mismo paisaje. Sin embargo, no ven lo mismo. La distinta situación hace que el paisaje se organice ante ambos de distinta manera. Lo que para uno ocupa el primer término y acusa con vigor todos sus detalles, para el otro se halla en el último, y queda oscuro y borroso. Además, como las cosas puestas unas detrás se ocultan en todo o en parte, cada uno de ellos percibirá porciones del paisaje que al otro no llegan. ¿Tendría sentido que cada cual declarase falso el paisaje ajeno?. Evidentemente, no; tan real es el uno como el otro. Pero tampoco tendría sentido que puestos de acuerdo, en vista de no coincidir sus paisajes, los juzgasen ilusorios. Esto supondría que hay un tercer paisaje auténtico, el cual no se halla sometido a las mismas condiciones que los otros dos. Ahora bien, ese paisaje arquetipo no existe ni puede existir. La realidad cósmica es tal, que sólo puede ser vista bajo una determinada perspectiva. La perspectiva es uno de los componentes de la realidad. Lejos de ser su deformación, es su organización. Una realidad que vista desde cualquier punto resultase siempre idéntica es un concepto absurdo.
Lo que acontece con la visión corpórea se cumple igualmente en todo lo demás. Todo conocimiento es desde un punto de vista determinado. La species aeternitatis, de Spinoza, el punto de vista ubicuo, absoluto, no existe propiamente: es un punto de vista ficticio y abstracto. No dudamos de su utilidad instrumental para ciertos menesteres del conocimiento; pero es preciso no olvidar que desde él no se ve lo real. El punto de vista abstracto sólo proporciona abstracciones.
Esta manera de pensar lleva a una reforma radical de la filosofía y, lo que importa más, de nuestra sensación cósmica.
La individualidad de cada sujeto era el indominable estorbo que la tradición intelectual de los últimos tiempos encontraba para que el conocimiento pudiese justificar su pretensión de conseguir la verdad. Dos sujetos diferentes -se pensaba- llegarán a verdades divergentes. Ahora vemos que la divergencia entre los mundos de dos sujetos no implica la falsedad de uno de ellos. Al contrario, precisamente porque lo que cada cual ve es una realidad y no una ficción, tiene que ser su aspecto distinto del que otro percibe. Esa divergencia no es contradicción, sino complemento. Si el universo hubiese presentado una faz idéntica a los ojos de un griego socrático que a los de un yanqui, deberíamos pensar que el universo no tiene verdadera realidad, independiente de los sujetos. Porque esa coincidencia de aspecto ante dos hombres colocados en puntos tan diversos como son la Atenas del siglo V y la Nueva York del XX indicaría que no se trataba de una realidad externa a ellos, sino de una imaginación que por azar se producía idénticamente en dos sujetos.
Cada vida es un punto de vista sobre el universo. En rigor, lo que ella ve no lo puede ver otra. Cada individuo -persona, pueblo, época- es un órgano insustituible para la conquista de la verdad. He aquí cómo ésta, que por sí misma es ajena a las variaciones históricas, adquiere un dimensión vital. Sin el desarrollo, el cambio perpetuo y la inagotable aventura que constituyen la vida, el universo, la omnímoda verdad, quedaría ignorada.
El error inveterado consistía en suponer que la realidad tenía por sí misma, e independientemente del punto de vista que sobre ella se tomara, una fisonomía propia. Pensando así, claro está, toda visión de ella desde un punto determinado no coincidiría con ese su aspecto absoluto y, por tanto, sería falsa. Pero es el caso que la realidad, como un paisaje, tienen infinitas perspectivas, todas ellas igualmente verídicas y auténticas.
La sola perspectiva falsa es esa que pretende ser la única. Dicho de otra manera: lo falso es la utopía, la verdad no localizada, vista desde . El utopista -y esto ha sido en esencia el racionalismo- es el que más yerra, porque es el hombre que no se conserva fiel a su punto de vista, que deserta de su puesto.
Hasta ahora la filosofía ha sido siempre utópica. Por eso pretendía cada sistema valer para todos los tiempos y para todos los hombres. Exenta de la dimensión vital, histórica, perspectivista, hacía una y otra vez vanamente su gesto definitivo. La doctrina del punto de vista exige, en cambio, que dentro del sistema vaya articulada la perspectiva vital de que ha emanado, permitiendo así su articulación con otros sistemas futuros o exóticos. La razón pura tiene que ser sustituida por una razón vital, donde aquélla se localice y adquiera movilidad y fuerza de transformación.
Cuando hoy miramos las filosofías del pasado, incluyendo las del último siglo, notamos en ellas ciertos rasgos de primitivismo. Empleo esta palabra en el estricto sentido que tiene cuando es referida a los pintores del quattrocento. ¿Por qué llamamos a éstos "primitivos"? ¿En qué consiste su primitivismo? En su ingenuidad, en su candor -se dice-. Pero ¿cuál es la razón del candor y de la ingenuidad, cuál su esencia? Sin duda, es el olvido de sí mismo. El pintor primitivo pinta el mundo desde su punto de vista -bajo el imperio de las ideas, valoraciones, sentimientos que le son privados-, pero cree que lo pinta según él es. Por lo mismo, olvida introducir en su obra su personalidad; nos ofrece aquélla como si se hubiera fabricado a sí misma, sin intervención de un sujeto determinado, fijo en un lugar del espacio y en un instante del tiempo. Nosotros, naturalmente, vemos en el cuadro el reflejo de su individualidad y vemos, a la par, que él no la veía, que se ignoraba a si mismo y se creía una pupila anónima abierta sobre el universo. Esta ignorancia de sí mismo es la fuente encantadora de la ingenuidad.
Mas la complacencia que el candor nos proporciona incluye y supone la desestima del candoroso. Se trata de un benévolo menosprecio. Gozamos del pintor primitivo, como gozamos del alma infantil, precisamente, porque nos sentimos superiores a ellos. Nuestra visión del mundo es mucho más amplia, más compleja, más llena de reservas, encrucijadas, escotillones. Al movernos en nuestro ámbito vital sentimos éste como algo ilimitado, indomable, peligroso y difícil. En cambio al asomarnos al universo del niño o del pintor primitivo vemos que es un pequeño circulo, perfectamente concluso y dominable, con un repertorio reducido de objetos y peripecias. La vida imaginaria que llevamos durante el rato de esa contemplación nos parece un juego fácil que momentáneamente nos liberta de nuestra grave y problemática existencia. La gracia del candor es, pues, la delectación del fuerte en la flaqueza del débil.
El atractivo que sobre nosotros tienen las filosofías pretéritas es del mismo tipo. Su claro y sencillo esquematismo, su ingenua ilusión de haber descubierto toda la verdad, la seguridad con que se asientan en fórmulas que suponen inconmovibles nos dan la impresión de un orbe concluso, definido y definitivo, donde ya no hay problemas, donde todo está ya resuelto. Nada más grato que pasear unas horas por mundos tan claros y tan mansos. Pero cuando tornamos a nosotros mismos y volvemos a sentir el universo con nuestra propia sensibilidad, vemos que el mundo definido por esas filosofías no era, en verdad el mundo, sino el horizonte de sus autores. Lo que ellos interpretaban como limite del universo, tras el cual no había nada más, era sólo la línea curva con que su perspectiva cerraba su paisaje. Toda filosofía que quiera curarse de ese inveterado primitivismo, de esa pertinaz utopía, necesita corregir ese error, evitando que lo que es blando y dilatable horizonte se anquilose en mundo.
Ahora bien; la reducción o conversión del mundo a horizonte no resta lo más mínimo de realidad a aquél; simplemente lo refiere al sujeto viviente, cuyo mundo es, lo dota de una dimensión vital, lo localiza en la corriente de la vida, que va de pueblo en pueblo, de generación en generación, de individuo en individuo, apoderándose de la realidad universal.
De esta manera, la peculiaridad de cada ser, su diferencia individual, lejos de estorbarle para captar la verdad, es precisamente el órgano por el cual puede ver la porción de realidad que le corresponde. De esta manera, aparece cada individuo, cada generación, cada época como un aparato de conocimiento insustituible. La verdad integral sólo se obtiene articulando lo que el prójimo ve con lo que yo veo, y así sucesivamente. Cada individuo es un punto de vista esencial. Yuxtaponiendo las visiones parciales de todos se lograría tejer la verdad omnímoda y absoluta. Ahora bien: esta suma de las perspectivas individuales, este conocimiento de lo que todos y cada uno han visto y saben, esta omnisciencia, esta verdadera es el sublime oficio que atribuimos a Dios. Dios es también un punto de vista; pero no porque posea un mirador fuera del área humana que le haga ver directamente la realidad universal, como si fuera un viejo racionalista. Dios no es racionalista. Su punto de vista es el de cada uno de nosotros; nuestra verdad parcial es también verdad para Dios. ¡De tal modo es verídica nuestra perspectiva y auténtica nuestra realidad! Sólo que Dios, como dice el catecismo, está en todas partes y por eso goza de todos los puntos de vista y en su ilimitada vitalidad recoge y armoniza todos nuestros horizontes . Dios es el símbolo del torrente vital, al través de cuyas infinitas retículas va pasando poco a poco el universo, que queda así impregnado de vida, consagrado, es decir, visto, amado, odiado, sufrido y gozado.
Sostenía Malebranche que si nosotros conocemos, alguna verdad es porque vemos las cosas en Dios, desde el punto de vista de Dios. Más verosímil me parece lo inverso: que Dios ve las cosas al través de los hombres, que los hombres son los órganos visuales de la divinidad.
Por eso conviene no defraudar la sublime necesidad que de nosotros tiene, e hincándonos bien en el lugar que nos hallamos, con una profunda fidelidad a nuestro organismo, a lo que vitalmente somos, abrir bien los ojos sobre el contorno y aceptar la faena que nos propone el destino: el tema de nuestro tiempo.

Ortega y Gasset - Glosario

Vocabulario de Ortega y Gasset:


Abstracción: En general, es la acción y efecto de separar, arrancar o sacar. Ser humano, realidad y verdad, tal y como las considera el racionalismo, son abstracciones porque separa la razón de la vida. Así, ha olvidado que el yo es “yo y circunstancia”, y lo ha identificado con el yo puro. También ha olvidado que realidad y verdad son esencialmente perspectivistas y las ha calificado de únicas y universales.
 

Cultura: Las actividades vitales del individuo que trascienden lo biológico. En la respiración sólo interviene el organismo, y por eso respirar no es cultural. Pensar es también una actividad biológica y es necesaria para la vida. Si el ser humano no hubiera pensado no hubiera sobrevivido. En cuanto actividades biológicas  no hay diferencia entre pensar y respirar. Pero en el pensar encontramos algo que no encontramos en la respiración: el individuo respira sin ningún referente externo, pero piensa intentando que su pensamiento sea verdadero, es decir, que refleje las cosas; de lo contrario ese pensamiento le resultaría inútil. Querer es también querer lo objetivamente mejor en una situación. Si no fuera así, lo que considero lo mejor podría perjudicarme. Por tanto, las actividades culturales (pensamiento, voluntad, sentimiento estético y emoción religiosa) presentan dos dimensiones: una puramente biológica y otra trascendente y objetiva, ya que su referente es una realidad que supera lo biológico.
 

Culturalismo: Posición intelectual que, por insistir en la importancia de la cultura o vida espiritual, olvida que el origen de la cultura es la vida. Olvida que espiritual es un adjetivo de vida. Olvida que la verdad no puede existir si no surge de la sinceridad, que el bien tampoco tiene sentido si no lleva a la acción y que lo bello se convierte en vacío si no provoca el deleite. Por eso, el tipo de cultura que define el culturalista es una cultura que no dice nada al individuo de su tiempo y que, por eso, tal individuo rechaza. El culturalismo es consecuencia del racionalismo.
 

Dimensión vital, histórica y perspectivista: El ser humano tiene una doble dimensión: vital y cultural. No es una razón pura, sino una razón vital e histórica. Su vida es la vida de un yo en una circunstancia con la que se encuentra y de la que no puede prescindir, y que le proporciona su perspectiva. Por tanto, la verdad también es vital, histórica y perspectivista, lo que no implica que sea relativa, pues la realidad también es perspectivista.
 

Dios: Sujeto que por su carácter ubicuo, es decir, situado en los infinitos puntos de vista humanos, aglutinaría todas las perspectivas posibles y, por tanto, sería depositario de la verdad absoluta.
 

Ente abstracto: Expresión con la que se refiere al yo puro. Ese yo es “abstracto” porque prescinde de su dimensión vital e histórica; de su circunstancia.
 

Ente racional: Expresión con la que se refiere al yo puro. “Racional” insiste en el rasgo esencial con que el racionalismo ha definido al sujeto capaz de conocer la verdad.
 

Existencia: Sinónimo de vida. El modo propio de existir del ser humano es “vivir”. Vivir es estar el yo en su circunstancia. Por eso el yo racional y abstracto del racionalismo propiamente no existe.
 

Filosofía: Conocimiento que se caracteriza por ser: a) autónomo: no acepta ninguna verdad que ella misma no haya fundamentado; b) radical: su objetivo es encontrar la realidad radical; c) universal: no trata todos los aspectos particulares, sino que descubre lo universal de cada cosa; d) teorético: es un sistema de conceptos. En la medida en que los conceptos son enunciables, lo que no se pueda decir no es un concepto ni un dato para la filosofía.
 

Horizonte: Un elemento de la vida. Es el marco que limita la porción de realidad a la que cada individuo tiene acceso desde su punto de vista. Marca la circunstancia de cada yo. El error racionalista consiste en identificar la circunstancia marcada por el horizonte, el mundo de un yo, con el mundo.
 

Idea: Pensamiento que construye el ser humano para interpretar la realidad. Nunca lo vive como parte de la misma, sino como su interpretación. Por tanto, las ideas nunca son anteriores al hombre, sino que surgen de su vida y, por ello, tiene que discutirlas, defenderlas, modificarlas o rechazarlas. Todas las teorías o explicaciones de por qué pasa lo que pasa son ideas. Las ideas se oponen a las creencias, que “no son los pensamientos que se tienen sino en los que se vive”. Las creencias están en el ambiente: son compartidas por los miembros de la comunidad, y no se suele ser consciente de ellas: creemos que detrás de la puerta continúa el mundo exterior.
 

Mundo o circunstancia: Uno de los elementos constitutivos de la vida, que es yo y circunstancia. Es lo que “circunda” al yo. Es el mundo vital en el que se halla inmerso; el mundo físico, la sociedad, la cultura, la historia, pero también su cuerpo y mente. El mundo no es exterior a la vida sino uno de sus ingredientes. El yo y la circunstancia están trabados. Si se los separa se destruye la realidad radical que es la vida, y se llega a una realidad abstracta, a un “yo puro” (error del racionalismo). Nadie puede elegir el mundo en el que tiene que vivir. Le es dado. Pero ese mundo ofrece el abanico de posibilidades entre las que puede elegir.
 

Perspectiva, perspectiva vital e individual: Ontológicamente es uno de los componentes de la realidad, lo que la estructura. Epistemológicamente es el punto de vista del yo. Por eso toda perspectiva es vital e individual: cada sujeto, desde su individualidad o vida, desde su circunstancia, desde su punto de vista, capta una vertiente o cara de la realidad.
 

Porción de verdad: Cada verdad parcial que puede ser conocida por un individuo concreto desde su punto de vista. A cada porción de verdad le corresponde la perspectiva de la realidad.
 

Punto de vista: Perspectiva. “Lugar” desde el que cada individuo conoce una parte de la realidad y consigue su parte de verdad. No es sólo el lugar físico que determina la percepción sensible, ni el contexto histórico y sociocultural que acompaña a todo ser humano, sino fundamentalmente el principio desde el que el hombre deriva sus premisas y actos; su posición general ante la vida. 

Cualquier entidad puede ser principio: Dios, la razón, la conciencia, la vida, la ciencia, la economía… La única condición para que algo se convierta en principio es que se reconozca como valor superior y que a ello se subordine lo demás. El individuo que sea fiel a su punto de vista conocerá un aspecto real del mundo. Por eso, la porción de verdad que cada hombre capta no puede ser conocida por otro.
 

Punto de vista ubicuo, absoluto, abstracto: Punto de vista inexistente. Las tres expresiones son contrarias en sus términos. Son hipótesis racionalistas sin sentido. Todo punto de vista es individual y vital (no abstracto), y consecuencia de una circunstancia (ni ubicuo ni absoluto). Un punto de vista con esos rasgos imposibles es el que correspondería al yo puro del racionalismo.
 

Racionalismo, racionalista: Propiamente es la corriente filosófica que se desarrolló desde el siglo XVII y cuyos representantes más destacados fueron Descartes, Spinoza y Leibniz. Ortega lo usa en un sentido más amplio, en el que incluye las corrientes que asumen que: a) la razón es lo que define al ser humano; b) la razón está por encima de las particularidades de cada sujeto, es ultravital y extrahistórica; c) esa razón es capaz de conocer la verdad que es eterna, única e invariable.
 

Razón absoluta: La razón que conocería la realidad universal, que llegaría a la verdad integral yuxtaponiendo las infinitas perspectivas de todas las vidas. No es, por tanto, una razón sin punto de vista (lo que es una contradicción), sino una razón que, para conocer la realidad universal, se valdría de todas las perspectivas posibles. Por tanto, este sería el único modo en que Dios podría llegar a la verdad integral. Su carácter “absoluto” radicaría en aglutinar todas las perspectivas.
 

Razón pura: usa esta expresión en sentido amplio. No se refiere sólo a la concepción kantiana de la facultad de conocer, sino a las diferentes interpretaciones que el racionalismo ha dado del sujeto que es capaz de llegar a la verdad única e invariable. Es, por tanto, una expresión semejante a yo puro.
 

Razón vital: O raciovitalismo. La concepción que Ortega opone a la razón pura. Superar la razón pura con la razón vital es el tema de su tiempo. La razón es una función o instrumento de la vida, no una facultad ajena a la misma, como ocurría en el racionalismo. Y lo es por dos razones: porque es una razón inscrita en una circunstancia, y porque no tiene como objeto de reflexión la conciencia o el ser, sino la vida que le ha dado origen.
 

Realidad: Lo que verdadera e indudablemente hay, el mundo. El mundo es siempre el mundo del yo. Así, Ortega se opone a la definición de realidad como lo que existe por sí con independencia del sujeto (realismo ingenuo). Con el mismo argumento rechaza la definición racionalista de realidad como lo universal, eterno e invariable. También rechaza la posición escéptica del relativismo, que niega la posibilidad de conocer la realidad o incluso su propia existencia. Frente a esta corriente, Ortega sostiene que el carácter peculiar y concreto de cada yo no es un obstáculo para llegar a la realidad, sino el medio para acceder a ella, ya que la realidad es perspectivista.
 

Realidad cósmica o universal: La suma de las realidades parciales de cada yo.
 

Relativismo: Posición filosófica que niega la existencia de verdades universales y absolutas. No hay más que verdades “relativas” a la condición de cada sujeto. Cada individuo vive en un contexto histórico-cultural en función del cual juzga qué sea lo verdadero. Por tanto, toda verdad está determinada por el modo de ser del sujeto que la alcanza. En consecuencia, no existen valores objetivos universales como la verdad, el bien o la belleza.
 

Utopía, utópico, utopista: Etimológicamente, lo que no está en ningún lugar. Adopta una actitud utópica quien olvida que su conocimiento es siempre un conocimiento desde un punto de vista, que conoce una cara de la realidad y que consigue sólo una verdad parcial. La actitud racionalista (utopista) supone la existencia de una realidad vista “desde ningún sitio” y una verdad absoluta (utópica). El utopismo es lo opuesto al perspectivismo.
 

Valor: Cualidad de las personas y de las cosas por las que nos resultan atractivas (valores positivos) o repulsivas (valores negativos). Los agrupa en valores de cultura y los de vida.
 

Valores de cultura: La verdad, la bondad y la belleza. Son los valores que perseguimos cuando pensamos, actuamos o contemplamos una obra de arte. La búsqueda de la verdad, del bien y de la belleza ha generado la cultura. Estos valores, aunque tienen un carácter objetivo que trasciende lo biológico, deben brotar de los valores de la vida: la verdad debe brotar de la sinceridad; la bondad debe brotar de la impetuosidad; y la belleza debe brotar del deleite.
 

Verdad, verdad parcial e integral: La verdad es el reflejo adecuado de lo que las cosas son. Ningún individuo o época tiene acceso a toda la verdad, a la verdad integral. Sólo se llegaría a esa verdad sumando las verdades parciales. Cada individuo y época tiene acceso a una “verdad parcial” (doctrina del punto de vista). Por tanto, la verdad no es una, eterna e invariable (racionalismo), sino perspectivas. Sin embargo, eso no es relativismo, ya que la parcialidad de cada realidad no le resta validez, sino que es consecuencia de la estructura de la realidad, que es perspectivista. Así, un sujeto sólo puede conocer una cara de la realidad, la que se le ofrece desde su circunstancia.
 

Vida: Lo que cada uno es y  hace. El conjunto de sus vivencias: su sentir, pensar, sufrir, amar, imaginar, desear… No es una cosa, pues no tiene naturaleza ni es sustancia. Es un continuo hacerse a sí misma. Es la realidad radical porque se nos aparece evidente, indubitable: “mi dolor está ahí”. En segundo lugar, la vida es la realidad radical porque el resto de realidades “brotan” de ella (mundo físico, psíquico, valores…). Hay unas categorías comunes a toda vida: vivir es ser consciente de que se vive; la vida es nuestra vida: es intransferible; vivir es encontrarse en el mundo o circunstancia: es imposible separar el mundo y el yo; la vida es fatalidad: no elegimos nuestra circunstancia; la vida es libertad: nuestra circunstancia nos ofrece un margen de posibilidades; la vida es futurización: consiste en decidir.
 

Vitalismo: La filosofía que defiende que la vida es la única realidad y, por tanto, su objeto de estudio. Sus tesis son tres: 1) el conocimiento es un proceso biológico como otro cualquiera, que carece de leyes y principios racionales. Conocer es igual que respirar. 2) Rechaza el conocimiento racional y conceptual, y frente a él propone la intuición, entendida como la experiencia subjetiva y privada no racional en la cual el sujeto vive íntimamente la realidad. Por tanto, el vitalismo desemboca en el relativismo. 3) Sostiene que la cultura debe someterse a la vida porque la anquilosa y acaba con ella. Frente al vitalismo, Ortega propone el raciovitalismo.
 

Yo puro: Expresión con la que Ortega se refiere al tipo de sujeto que, según el racionalismo, es capaz de conocer la verdad una, eterna e inmutable. Incluye al alma racional platónica, la sustancia pensante cartesiana, la razón pura kantiana… “Puro” indica que es un yo no contaminado con lo corpóreo, vital e histórico. Por eso, ese yo es una abstracción, pues presenta un sujeto separado precisamente de lo que le permite acceder a la verdad, su punto de vista. Al “yo puro” Ortega opone el yo que es “yo y circunstancia”.

Ortega y Gasset - Actualidad

Actualidad de Ortega y Gasset:


La filosofía de Ortega y Gasset permanece plenamente vigente, no sólo por su proximidad en el tiempo, sino también por los temas tratados. Valgan como ejemplo las siguientes cuestiones:

El tema de España es una de las preocupaciones fundamentales de Ortega. Él vinculaba el desarrollo de nuestro país con su vinculación a Europa. Desde la adhesión de España a la Comunidad Europea éste desarrollo se ha hecho realidad.

Ortega también se queja de la distancia entre la política de su época, oligárquica y caciquil, y la sociedad civil. Hoy en día la distancia entre políticos y los ciudadanos es igualmente palpable: bajos índices de vinculación a partidos políticos y sindicatos; baja participación en consultas electorales; y, sobre todo, el descrédito de la clase política.

El perspectivismo de Ortega nos puede ayudar para comprender y encarar problemas cotidianos de hoy en día como: la diversidad cultural y la supuesta guerra de civilizaciones. Las posturas etnocentristas, que defienden la superioridad de unas culturas sobre otras, carecen de sentido viéndolas desde la perspectiva de Ortega. Los puntos de vista dependen de las circunstancias y nadie puede acceder a toda la verdad, solo podemos alcanzar a ver una parte de esa realidad la que nos permiten nuestras circunstancias. Ninguna cultura o civilización puede por tanto arrogarse toda la verdad. Solo la unión de las verdades parciales nos conducirá a la verdad integral. 
Otros aspectos filosóficos del pensamiento orteguiano siguen estando plenamente vigentes, tanto a nivel social como político. Sólo basta con echar un vistazo a la sociedad española actual, con sus botellones, la pasión futbolística, los macroconciertos, etc... para comprobar como su “ Rebelión de las masas” sigue estando plenamente vigente, o la situación política con sus disputas autonómicas y problemas de estatutos para ver la actualidad de “La España invertebrada”.

A partir de los años cincuenta, tras la caída de las bombas atómicas, comenzó una nueva corriente filosófica conocida como filosofía de la tecnología, corriente que intenta valorar la influencia y el alcance de la tecnología en el hombre y la sociedad actual. Dicha corriente formada por filósofos como Mumford, Mitchamm, Echevarría, tienen un referente concreto en la obra “Meditación de la técnica” de Ortega, obra que se ha consti tuido en el eje central del pensamiento filosófico de la filosofía de la tecnología.

Ortega y Gasset - Comparación

Comparación de Ortega y Gasset:


Hemos podido comprobar al estudiar a Ortega que su filosofía tiene mucho de intento de síntesis y superación de posiciones anteriores. Nos centraremos en estos momentos de síntesis para rastrear las relaciones de Ortega con otros autores tratados. Ortega pretende encontrar nuevas posiciones superadoras de las que ofrece la tradición en tres asuntos diferentes pero estrechamente relacionados:

En primer lugar, Ortega, con la aportación del Raciovitalismo, procura la superación de las posiciones que defienden Racionalismo y Vitalismo acerca de las fuentes legítimas del conocimiento.

- El Racionalismo afirma que el único vehículo válido para acceder al verdadero conocimiento es la razón. Ejemplo de esta posición es Descartes, para él, la razón, por sí sola, es capaz de alcanzar todo el conocimiento posible. Nada puede ocultarse a la razón. Esta concepción de la razón es la que Ortega llama “Razón Pura”. El Racionalismo ha creído que es posible llevar el análisis de la realidad hasta el límite último de un modo satisfactorio y con plenas garantías de validez, verdad y rigurosidad científica basándose únicamente en la razón. Y supone que la realidad entera es absolutamente penetrable por razón. La realidad y el pensamiento coinciden, si bien la razón es independiente de la experiencia. El racionalista considera a la razón como una facultad casi divina, capaz de revelarle la esencia última de las cosas, del universo. Por eso, para conocer sus leyes toma como ciencia ideal las matemáticas, modelo de ciencia formal racional (Recordemos a este respecto, como se podía leer en la puerta de la Academia platónica “no entre aquí nadie que no sepa matemáticas” o la obsesión de Descartes porque la filosofía imitase el exitoso método matemático).

- Como reacción a esta concepción de la razón aparece en la historia de la Filosofía el Vitalismo. Podemos considerar a Nietzsche su máximo representante y el más despiadado crítico de la “Razón Pura”. La razón ha sometido a la vida bajo sus conceptos, la ha amordazado, y despreciado desde los tiempos de Sócrates y Platón. La razón incapaz de atrapar la vida la ha sustituido por un mundo de conceptos ficticios. El Vitalismo propone como camino para encontrar la verdad la vuelta a la vida, a lo instintivo, a los sentidos, repudiando la razón.

- Ortega salva ambos conceptos: vida y razón. Postula una nueva aplicación de la razón, la razón al servicio de la vida. La razón debe explicar la vida, nunca sustituirla. La razón es el instrumento adecuado para esclarecer el sentido de la vida. Frente al Racionalismo Ortega coloca a la vida en un papel principal y a la razón como instrumento suyo, como una más de sus funciones. Pretende la sustitución de la Razón Pura por este nuevo tipo de razón que el propugna: la Razón Vital Frente al Vitalismo Ortega da un lugar a la razón, la considera un instrumento válido y con una función importante. La superación de estas posturas es el Raciovitalismo.

En segundo lugar, teniendo como fondo la cuestión de dónde reside la verdadera realidad, Ortega afronta la síntesis y superación de las posturas realista e idealista.

- El Realismo, representante clásico de él es Aristóteles, supone que la realidad estriba en los objetos. La realidad la componen los objetos independientemente del pensamiento.

- El Idealismo, que comienza con Kant y tiene su máxima expresión con Hegel, identifica realidad con conciencia. La realidad, incluso aquella que nos parece exterior, no es más que una experiencia interna.

- Para Ortega la realidad primera, la auténtica y verdadera realidad, a la que el llama "Realidad Radical” es la vida. Critica al Realismo su olvido del yo, el sujeto está tan pendiente de lo exterior que se ignora a sí mismo. Critica, también, al Idealismo por recluir el mundo dentro de la conciencia. Ortega defiende que la realidad está constituida por el yo y el mundo unidos, indisociables. Esta unión es la vida. La Realidad Radical es la vida. En ella se funda todo conocimiento y verdad.

Por último, la Doctrina del Punto de Vista o Perspectivismo es presentada por Ortega como una superación de las posiciones defendidas por Racionalismo dogmático y Relativismo sobre la naturaleza de la Verdad.

- El Racionalismo cree en la existencia de verdades trascendentes, eternas e inmutables. Estas verdades pueden ser captadas por el sujeto, pero el conocimiento de éstas exige un sujeto puro, es decir, transparente, que se deje traspasar por estas verdades sin aportar nada propio que pudiera deformarlas. El Racionalismo requiere un modelo de sujeto estático, inmutable, idéntico.

- El Relativismo por su parte niega la posibilidad de que lleguemos a alcanzar ninguna verdad. Cada sujeto es diferente y capta la verdad de forma distinta. Si existiera esa verdad trascendente, al recibirla, sería modificada por las peculiaridades de cada sujeto, creyendo cada cual que esas deformaciones individuales son la verdad. Es imposible la Verdad.

- El Perspectivismo de Ortega defiende que hay tantas verdades como puntos de vista. Cada vida es una perspectiva de la Verdad. Además no hay otra forma de acceder a la Verdad, éste es el carácter de la Verdad, ofrecerse en perspectiva. Critica al racionalismo su pretensión de imponer una perspectiva como la única verdadera, además de su estatismo. Critica al Relativismo la conclusión de que son incompatibles múltiples verdades. Para Ortega las distintas perspectivas no son contradictorias sino complementarias.

Ortega y Gasset - Creencias e ideas

Creencias e ideas en Ortega:


Una de las formas de manifestarse el pensamiento nacido de la necesidad radical del hombre, la necesidad en la que se halla, es lo que llamamos “ideas”. Las ideas constituyen las coordenadas con las que el hombre se orienta en el mundo y con las que se pretende solucionar su necesidad radical y cualquier otra. Las ideas son heterogéneas. Esa heterogeneidad es la que lleva a Ortega a clasificarlas en “ideas” propiamente dichas y “creencias”. Las ideas son aquellos pensamientos que construimos y de los que somos conscientes; esto es, las ideas las tenemos y las discutimos porque no nos sentimos totalmente inmersos en ellas.
 

Las creencias, por su parte, son una clase especial de ideas tan asumidas que no tenemos ni siquiera necesidad de defenderlas, porque en las creencias vivimos inmersos, son nuestra realidad y como tal realidad las tomamos sin hacernos habitualmente cuestión de ellas.
Las creencias son la realidad intelectual en la quevivimos; contamos con ellas y no sentimos la necesidad de formularlas explícitamente ni defenderlas.

En contraste con las ideas, que nosotros poseemos, las creencias nos poseen a nosotros, porque nos rodean al modo como lo hace el aire que respiramos. Hasta tal punto estamos impregnados de nuestras creencias, que la carencia de ellasparalizaría nuestra acción, sería nuestra muerte en cuanto hombres como sería nuestra muerte biológica nuestra carencia de aire.
Es también una nota característica de las creencias la de haber sido recibidas, la de estar ya ahí antes que nosotros. Precisamente por ser recibidas, por precedernos a los hombres que estamos en ellas, son compartidas por los miembros de la comunidad humana sin que nadie o muy pocos se lleguen a hacer cuestión de ellas.

Ortega y Gasset - El historicismo

La razón histórica:


Ortega siempre defendió que “el hombre no tiene naturaleza, tiene historia”. La modernidad pensó que la racionalidad sería la puerta del progreso de la humanidad.
El ideal de la razón ilustrada ha permitido comprender y dominar el mundo natural, pero esta racionalidad no ha servido para entender el problema fundamental del hombre, que es él mismo. Se ha impuesto una superación de la razónsustanciadora y matematizante, sin caer por ello en el irracionalismo, por ejemplo, de Nietzsche.  Para Ortega la razón es un instrumento legítimo y válido de explicación de lo real, pero no cualquier tipo de razón y no la razón objetivante, es necesario proponer una razón histórica.
 

Para su proyecto de razón propone una distinción interesante:

1. Explicar una cosa significa tener conocimiento, ideas claras y expresar de modo claro el cómo de algo.

2. Entender significa comprender el sentido de algo y no sólo las leyes que lo explican. Esta racionalidad explica el por qué de algo.

El hombre no tiene una naturaleza que sea absolutamente uniforme en todos los seres humanos, sino que el propio hombre se va construyendo a sí mismo en la historia, en su quehacer;
el hombre es esencialmente un ser futurizo (la vida es futurición). La forzosidad de elegir del hombre en la vida nos adentra en el terreno de la moral, ya que al tener que elegir, se es libre (aunque no absolutamenteporque la vida es fatalidad, por una parte)
y al ser libre se asume la acción hecha o elegida por nosotros, es decir, que uno tiene que hacerse responsable de sus actos.
 

La responsabilidad moral se especifica en las dos categorías morales de la autenticidad y la inautenticidad de la vida, relacionadas con la respuesta del hombre a su destino:

- Se habla de vida auténtica cuando se permanece fiel al proyecto vital
- Se habla de vida inauténtica cuando el hombre se pierde en la comodidad del anonimato, de la masa, cuando falsea su destino.

Otro aspecto derivado de la historicidad del hombre es el de la temporalidad, pero no un tiempo físico, sino vital, en la forma en la que se manifiesta el ser. Pero no basta con explicar las circunstancias del pasado, sino que es necesario entenderlas.
Pero si a veces nos cuesta trabajo entender nuestra propia biografía, ¿cómo entender las de los demás?

Y precisamente por tener que construirse un futuro inminente le resulta necesario, al mismo tiempo, recordar el pasado. El recuerdo del pasado es lo que le permite encontrar las coordenadas necesarias paraorientarse hacia el futuro. Por otra parte, la historia nos aparece como un todo continuo que hay que poder diseccionar para comprenderlo. Ortega introduce la división pormenorizada de la historia que es la historia de las generaciones. Estavida histórica del hombre, posee una estructura que la hace estudiable, que la convierte en historiografía; esa estructura es la de las generaciones.

Las generaciones es, pues la unidad molecular en que la historia se divide. Ortega propone el concepto de generación como ejeinterpretativo de la historia: “una zona de unos 15 años durante la cual una ciertaforma de vida fue vigente”.
 

Por ser los individuos partícipes de una misma época y herencia común, cada generación vive de los mismos presupuestos teóricos. Hasta tal punto existe una comunidad de estos presupuestos, que siempre serán mayores los parecidos entre los hombres de una generación que sus diferencias, por más que ellos se empeñen en resaltar las diferencias en las ideas que propugnan o discutan. Comparten las mismas creencias.

Ortega y Gasset - Perspectivismo

El Perspectivismo:


Analiza Ortega con esta doctrina la cuestión de la Verdad. A lo largo de la Historia de la filosofía dos posturas han destacado a este respecto:

El racionalismo dogmático defiende la existencia de una verdad absoluta independiente de los distintos pareceres y opiniones individuales. Autores que representan esta posición son, por ejemplo, Sócrates, Platón, Descartes, etc. El Relativismo no cree en la Verdad absoluta. Solo hay opiniones particulares diferentes, ninguna de ellas verdadera.

Ortega pretende superar estas teorías contradictorias realizando una síntesis de ambas: el Perspectivismo. Afirma en primer lugar que existe la Verdad. Al afirmar esto se esta posicionando del lado del racionalismo. Pero aclara, en segundo lugar, esa Verdad solo puede captarse individualmente, coincidiendo así con el Relativismo.

La Verdad existe independientemente de los hombres, pero solo se muestra en perspectiva. Cada hombre, cada pueblo, cada época tiene una perspectiva distinta de la verdad porque la observa desde un punto de vista (perspectiva) único, propio, individual. Por tanto, no existe el punto de vista perfecto, no hay una única verdad como pensaban los racionalistas. Lo que hay son distintas perspectivas. La única perspectiva falsa es la que quiere imponerse como la única. Pero que haya muchos puntos de vista no quiere decir que no exista la verdad como aseguraban los relativistas. Ocurre como en un paisaje: lo vemos según el lugar en que nos situemos para contemplarlo. Nadie puede captar el paisaje completo. Cada uno contempla la realidad que le ha tocado vivir. Cada perspectiva es verdadera, autentica, única, intransferible, insustituible. Las distintas perspectivas no son contradictorias, sino complementarias.

Según esta afirmación seria posible reunir la Verdad completa uniendo todas las perspectivas: las presentes, las pasadas y las futuras. Solo Dios que es eterno y esta en todas partes puede aglutinar todas las perspectivas. Pero Dios no conoce la verdad completa porque tenga un punto de vista privilegiado desde donde vea toda la verdad, sino porque reúne todas las perspectivas particulares. Ve la verdad a través de las distintas vidas individuales. Cada vida es una perspectiva.

La Verdad que es independiente de los hombres y la historia adquiere, al ser contemplada desde infinitas perspectivas, un carácter vital e histórico.

Como consecuencia de este nuevo planteamiento de la verdad Ortega considera necesaria una reforma radical de la Filosofía. Ya no valen las filosofías que pretenden haber encontrado toda la verdad. Las pretensiones de validez absoluta y universal son imposibles. La nueva filosofía deberá reconocer su carácter individual, vital e histórico. Cada filosofía debe entenderse como una perspectiva que debe articularse con las otras. Reconociendo sus vínculos con las pasadas y estando abierta para relacionarse con las futuras.

Ortega y Gasset - Raciovitalismo

 El Raciovitalismo:

El Raciovitalismo es la teoría del conocimiento de Ortega. Para abordar la cuestión epistemológica Ortega acude a la tradición filosófica de la que extrae dos posiciones contrapuestas: Racionalismo (Culturalismo) frente a Vitalismo.

Desde Sócrates y Platón la filosofía apostó por la razón como fuente exclusiva de todo conocimiento. La tradición filosófica siguió esos pasos: Descartes, Kant, etc. La vida no es tenida en cuenta, es suplantada por la razón. La razón nos puede llevar por si sola a todo el conocimiento, no se necesita acudir a la vida. Esta, también, será explicada por la razón. Por otra parte, los movimientos vitalistas del siglo XIX y XX (Nietzsche, Bergson) afirman, al contrario que los racionalistas, que la única instancia a la que tenemos que recurrir para conocer la realidad es la vida. El vitalismo suele conducir a posturas irracionalistas que niegan la utilidad de la razón para alcanzar el conocimiento.

Ortega se muestra contrario a estos dos movimientos. Rechaza el racionalismo preguntándose: ¿puede la razón pura bastarse a si misma? ¿Puede sustituir al resto de la vida que es irracional? Su respuesta es no. Tampoco concuerda con el vitalismo irracionalista: ¿se puede prescindir completamente de la razón?

Ortega propone la superación y disolución del racionalismo y del vitalismo a través de una síntesis: el Raciovitalismo. Esta es una teoría del conocimiento que tiene como punto de partida la vida. Pero que pretende interrelacionar la razón con sus raíces vitales irracionales. Ortega toma como ejemplo una isla, que representaría a la razón, sosteniéndose sobre un mar que representa lo vital, lo irracional. La razón surge desde lo irracional. El Raciovitalismo pone la razón al servicio de la vida. La razón no puede suplantar a la vida. La razón tiene que estar en contacto con la realidad (la vida). La razón tiene que ser una sola cosa con el vivir. Esta razón es la que Ortega llama razón Vital frente a la razón suplantadora de la vida que defendía el racionalismo, a la que Ortega denomina razón Pura.

La vida es la Realidad Radical, (la realidad raíz, la realidad más profunda, el origen) dentro de la cual se encuentran todas las demás realidades, entre ellas la razón. Sin embargo, podemos encontrar distintas concepciones de la Realidad al acudir a la Historia de la filosofía. ¿Dónde buscar la Realidad Radical?

Para Ortega la realidad no esta: En las cosas independientemente de mi pensar. Como pretendería el Realismo. El realismo es una actitud que supone que lo que hay son las cosas y estas tienen ser en si. (Realismo ingenuo). Ni en la conciencia como afirmaría el Idealismo. Ortega critica ambas teorías por considerarlas incompletas. En el Realismo el yo que percibe y piensa pone tanta atención en las cosas que se olvida, no se da cuenta de si mismo, de su papel en la realidad. El idealismo se concentra en el sujeto que piensa y la realidad queda reducida a experiencia interior. El yo se traga el mundo. Ambas posturas se equivocan por considerar que una parte de lo que hay (cosas/mundo) es la única que existe.

Para Ortega no hay el mundo o el yo, lo que hay es el yo con el mundo. No puedo hablar de las cosas sin el yo, pero tampoco de un yo sin las cosas. Ni el mundo solo, ni el yo solo. La realidad radical, la vida es el Mundo y yo. Vida es ser uno con el mundo. (Cuando Ortega habla de vida se refiere a la vida particular de cada uno). Yo soy yo y mi mundo. Yo soy yo y mis circunstancias, donde circunstancias quiere decir el horizonte de las cosas con las que interactúo (desde las pequeñas cosas materiales a las personas, instituciones, costumbres, momento histórico). En esto consiste la vida: un continuo intercambio entre el yo y la circunstancia, un intercambio dirigido por la razón, la razón vital, claro.

Ortega y Gasset - Contexto filosófico:

Contexto filosófico:


Dentro del elenco de autores que desarrollan su labor filosófica en el mismo período que Ortega podemos destacar a Heidegger Russell, Wittgenstein, el Círculo de Viena, la 1ª Escuela de Francfort, Hartman, Bergson y un largo etc... Sin olvidar el desarrollo científico protagonizado por Einstein y su teoría de la relatividad, Heissemberg, Bohr, etc..

Desde que la Ilustración entronizó la “razón”, el modelo se fue rompiendo endiferentes modelos, donde se adjetivaba la razón queriendo precisarla. Así tenemos una razón positivista en Comte, una razón histórica en Dilthey, una razón fenomenológica en Husserl, una razón analítica en los análisis del lenguaje. Ortega intenta negar el repudio frontal que hace Nietzsche de la razón, la defiende, pero también reconoce que Sócrates la estableció de forma unilateral. La razón es una dimensión de la vida, y debe servirla, no anularla. 

Ortega defiende una Razón vital,no una “razón pura”, aislada. Debido a esto, Ortega se impuso una reforma total de la filosofía, y por tanto del ser y del conocer. Entendía la filosofía como un saber radical que plantea los primeros y los últimos problemas y así se distingue de losotros conocimientos que domestican la vida y la fraccionan. En el terreno intelectual de Ortega confluyen muchas líneas, hasta tal punto que algunos le han negado originalidad. Podemos hablar del neokantismo de Natorp Cohen, del vitalismo de Nietzsche, de la fenomenología de Husserl, del historicismode Dilthey, del “ser y tiempo” de Heidegger, de otros como Simmel y Scheler.

Siendo esto verdad también hay que reconocer que Ortega es un pensador original,y que dotó a la filosofía española de unlenguaje propio y digno. Su estilo leconvierte en un verdadero maestro del lenguaje, y su interés por todo lo pedagógico le sitúa en una de las piezasclaves del renacer intelectual español.

Ortega y Gasset - Contexto histórico-cultural

 Contexto histórico-cultural:


Los avatares históricos que afectaron a Ortega fueron la crisis del 98 español, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República en la que el participó activamente, al menos, al principio. La guerra civil y su exilio, la España franquista, su vuelta a esta España a partir de 1945, y por ende, las cuestiones europeas: 1ª Guerra Mundial, Europa de entreguerras, ascenso del nazismo y fascismo al poder, 2ª Guerra Mundial, la postguerra, etc...

Madrileño, de familia liberal, propietariade el “Imparcial”. Estudió en Madrid. Amplió sus estudios en Leipzig, Berlín y Marburgo, recibiendola influencia del neokantiano Herman Cohen (quien le comunicó el interés que tuvo siempre por el método científico. Ese interés le distingue poderosamente del resto de los vitalistas, con los que comparte algunos puntos de vista). En 1910 gana la cátedra de Metafísica de Madrid. Es un periodo que llega hasta 1936. Muchísimos intelectuales españoles recibieron su influencia desde allí, o desde su intensa labor pedagógica y crítica en periódicos y conferencias. (Podemos señalar a García Morente, Zubiri, Julián Marías, María Zambrano, Laín Entralgo, Aranguren, Ferrater Mora etc.) En 1917 funda “el Sol”, y en 1923 la “Revista de Occidente”, que terminó siendo el principal cauce para que entraran en España las principales ideas filosóficas de Europa y principalmente las alemanas.

 También colaboraron escritores, poetas etc. (García Lorca, Alberti) En 1931 firmó un “manifiesto de los intelectuales” que apoyaba la II República, fue diputado a Cortes, pero poco a poco, terminó distanciándose de la política, y en el 1936, al comienzo de la guerra civil, abandona España hasta el 1945, donde alterna sus conferencias con largas estancias en el extranjero (Alemania, Francia, América, Portugal, Gran Bretaña)

lunes, 5 de mayo de 2014

Nietzsche - Textos

El Crepúsculo de los Ídolos:


(Marcados en color rojo los fragmentos que caído en selectividad en los últimos años)

1. Texto

Me pregunta usted qué cosas son idiosincrasia en los filósofos?... Por ejemplo, su falta de sentido histórico, su odio a la noción misma de devenir, su egipticismo. Ellos creen otorgar un honor a una cosa cuando la deshistorizan, sub specie aeterni [desde la perspectiva de lo eterno], cuando hacen de ella una momia. Todo lo que los filósofos han venido manejando desde hace milenios fueron momias conceptuales; de sus manos no salió vivo nada real. Matan, rellenan de paja, esos señores idólatras de los conceptos, cuando adoran, - se vuelven mortalmente peligrosos para todo, cuando adoran. La muerte, el cambio, la vejez, así como la procreación y el crecimiento son para ellos objeciones, - incluso refutaciones. Lo que es no deviene; lo que deviene no es... Ahora bien, todos ellos creen, incluso con desesperación, en lo que es. Mas como no pueden apoderarse de ello, buscan razones de por qué se les retiene. "Tiene que haber una ilusión, un engaño en el hecho de que no percibamos lo que es: ¿dónde se esconde el engañador? - "Lo tenemos, gritan dichosos, ¡es la sensibilidad! Estos sentidos, que también en otros aspectos son tan inmorales, nos engañan acerca del mundo verdadero. Moraleja: deshacerse del engaño de los sentidos, del devenir, de la historia [Historie], de la mentira, la historia no es más que fe en los sentidos, fe en la mentira. Moraleja: decir no a todo lo que otorga fe a los sentidos, a todo el resto de la humanidad: todo él es "pueblo". ¡Ser filósofo, ser momia, representar el monótono-teísmo con una mímica de sepulturero! - ¡Y, sobre todo, fuera el cuerpo, esa lamentable idée fixe [idea fija] de los sentidos!, ¡sujeto a todos los errores de la lógica que existen, refutado, incluso imposible, aun cuando es lo bastante insolente para comportarse como si fuera real! ... "

2. Texto:

Pongo a un lado, con gran reverencia, el nombre de Heráclito. Mientras que el resto del pueblo de los filósofos rechazaba el testimonio de los sentidos porque éstos mostraban pluralidad y modificación, él rechazó su testimonio porque mostraban las cosas como si tuviesen duración y unidad. También Heráclito fue injusto con los sentidos. Estos no mienten ni del modo como creen los eléatas ni del modo como creía él, no mienten de ninguna manera. Lo que nosotros hacemos de su testimonio, eso es lo que introduce la mentira, por ejemplo la mentira de la unidad, la mentira de la coseidad, de la sustancia, de la duración... La "razón" es la causa de que nosotros falseemos el testimonio de los sentidos. Mostrando el devenir, el perecer, el cambio, los sentidos no mienten... Pero Heráclito tendrá eternamente razón al decir que el ser es una ficción vacía. El mundo "aparente" es el único: el "mundo verdadero" no es más que un añadido mentiroso...

3. Texto:

-¡Y qué sutiles instrumentos de observación tenemos en nuestros sentidos! Esa nariz, por ejemplo de la que ningún filósofo ha hablado todavía con veneración y gratitud, es hasta este momento incluso el más delicado de los instrumentos que están a nuestra disposición: es capaz de registrar incluso diferencias mínimas de movimiento que ni siquiera el espectroscopio registra. Hoy nosotros poseemos ciencia exactamente en la medida en que nos hemos decidido a aceptar el testimonio de los sentidos, en que hemos aprendido a seguir aguzándolos, armándolos, pensándolos hasta el final. El resto es un aborto y todavía no-ciencia: quiero decir, metafísica, teología, psicología, teoría del conocimiento. 0 ciencia formal, teoría de los signos: como la lógica, y esa lógica aplicada, la matemática. En ellas la realidad no llega a aparecer, ni siquiera como problema; y tampoco como la cuestión de qué valor tiene en general ese convencionalismo de signos que es la lógica.

4. Texto:

La otra idiosincrasia de los filósofos no es menos peligrosa: consiste en confundir lo último y lo primero. Ponen al comienzo, como comienzo, lo que viene al final -¡por desgracia!, ¡pues no debería siquiera venir!- los "conceptos supremos", es decir, los conceptos más generales, los más vacíos, el último humo de la realidad que se evapora. Esto es, una vez más, sólo expresión de su modo de venerar: a lo superior no le es lícito provenir de lo inferior, no le es lícito provenir de nada... Moraleja: todo lo que es de primer rango tiene que ser causa sui [causa de sí mismo]. El proceder de algo distinto es considerado como una objeción, como algo que pone en entredicho el valor. Todos los valores supremos son de primer rango, ninguno de los conceptos supremos, lo existente, lo incondicionado, lo bueno, lo verdadero, lo perfecto ninguno de ellos puede haber devenido, por consiguiente tiene que ser causa sui. Mas ninguna de esas cosas puede ser tampoco desigual una de otra, no puede estar en contradicción consigo misma... Con esto tienen los filósofos su estupendo concepto "Dios"... Lo último, lo más tenue, lo más vacío es puesto como lo primero, como causa en sí, como ens realissimum [ente realísimo]... ¡Que la humanidad haya tenido que tomar en serio las dolencias cerebrales de unos enfermos tejedores de telarañas! - ¡Y lo ha pagado caro! ...

5. Texto:

 Contrapongamos a esto, por fin, el modo tan distinto como nosotros (digo nosotros por cortesía ... ) vemos el problema del error y de la apariencia. En otro tiempo se tomaba la modificación, el cambio, el devenir en general como prueba de apariencia, como signo de que ahí tiene que haber algo que nos induce a error. Hoy, a la inversa, en la exacta medida en que el prejuicio de la razón nos fuerza a asignar unidad, identidad, duración, sustancia, causa, coseidad, ser, nos vemos en cierto modo cogidos en el error, necesitados al error; aun cuando, basándonos en una verificación rigurosa, dentro de nosotros estemos muy seguros de que es ahí donde está el error. Ocurre con esto lo mismo que con los movimientos de una gran constelación: en éstos el error tiene como abogado permanente a nuestro ojo, allí a nuestro lenguaje. Por su génesis el lenguaje pertenece a la época de la forma más rudimentaria de psicología: penetramos en un fetichismo grosero cuando adquirimos consciencia de los presupuestos básicos de la metafísica del lenguaje, dicho con claridad: de la razón. Ese fetichismo ve en todas partes agentes y acciones: cree que la voluntad es la causa en general, cree en el "yo", cree que el yo es un ser, que el yo es una sustancia, y proyecta sobre todas las cosas la creencia en la sustancia-yo -así es como crea el concepto "cosa"... El ser es añadido con el pensamiento, es introducido subrepticiamente en todas partes como causa; del concepto "yo" es del que se sigue, como derivado, el concepto "ser"... Al comienzo está ese grande y funesto error de que la voluntad es algo que produce efectos, de que la voluntad es una facultad... Hoy sabemos que no es más que una palabra... Mucho más tarde, en un mundo mil veces más ilustrado, llegó a la consciencia de los filósofos, para su sorpresa, la seguridad, la certeza subjetiva en el manejo de las categorías de la razón: ellos sacaron la conclusión de que esas categorías no podían proceder de la empiria, - la empiria entera, decían, está, en efecto, en contradicción con ellas. ¿De dónde proceden, pues? - Y tanto en India como en Grecia se cometió el mismo error: "nosotros tenemos que haber habitado ya alguna vez en un mundo más alto (en lugar de en un mundo mucho más bajo: ¡lo cual habría sido la verdad! ), nosotros tenemos que haber sido divinos, ¡pues poseemos la razón!"... De hecho, hasta ahora nada ha tenido una fuerza persuasiva más ingenua que el error acerca del ser, tal como fue formulado, por ejemplo, por los eléatas: ¡ese error tiene en favor suyo, en efecto, cada palabra, cada frase que nosotros pronunciamos! -También los adversarios de los eléatas sucumbieron a la seducción de su concepto de ser: entre otros Demócrito, cuando inventó su átomo... La "razón" en el lenguaje: ¡oh, qué vieja hembra engañadora! Temo que no vamos a desembarazarnos de Dios porque continuamos creyendo en la gramática...

6. Texto:

Se me estará agradecido si condenso un conocimiento tan esencial, tan nuevo, en cuatro tesis: así facilito la comprensión, así provoco la contradicción.
Primera tesis. Las razones por las que "este" mundo ha sido calificado de aparente fundamentan, antes bien, su realidad, otra especie distinta de realidad es absolutamente indemostrable.
Segunda tesis. Los signos distintivos que han sido asignados al "ser verdadero" de las cosas son los signos distintivos del no-ser, de la nada, a base de ponerlo en contradicción con el mundo real es como se ha construido el "mundo verdadero": un mundo aparente de hecho, en cuanto es meramente una ilusión óptico-moral.
Tercera tesis. Inventar fábulas acerca de "otro" mundo distinto de éste no tiene sentido, presuponiendo que no domine en nosotros un instinto de calumnia, de empequeñecimiento, de recelo frente a la vida: en este último caso tomamos venganza de la vida con la fantasmagoría de "otra" vida distinta de ésta, "mejor" que ésta.
Cuarta tesis. Dividir el mundo en un mundo "verdadero" y en un mundo "aparente", ya sea al modo del cristianismo, ya sea al modo de Kant (en última instancia, un cristiano alevoso), es únicamente una sugestión de la décadence, un síntoma de vida descendente... El hecho de que el artista estime más la apariencia que la realidad no constituye una objeción contra esta tesis. Pues "la apariencia" significa aquí la realidad una vez más, sólo que seleccionada, reforzada, corregida... El artista trágico no es un pesimista, dice precisamente sí incluso a todo lo problemático y terrible, es dionisíaco...

Nietzsche - La voluntad de poder

''Esencia'' de la vida:


Es el principio básico de la realidad a partir del cual se desarrollan todos los seres, la fuerza primordial que busca mantenerse en el ser, y ser aún más. Nietzsche cree que en todas las cosas encontramos un afán por la existencia, desde el mundo inorgánico hasta el mundo humano, pasando por todos los distintos niveles de seres vivos. Todas las cosas son expresión de un fondo primordial que pugna por existir y por existir siendo más. Sus escritos anteriores a 1890 (fecha en la que le sobrevino la locura) eran esencialmente críticos con los esquemas mentales que han dominado toda nuestra cultura desde sus mismos orígenes –el platonismo–. Sin embargo, en su última obra escrita en la cordura (“La voluntad de poder”) Nietzsche intentó describir su visión positiva de la realidad, que coincide con la que presentó ya en su primera obra, “El nacimiento de la tragedia”, con la noción de lo dionisíaco. Las características que para él tiene la realidad, el ser (por lo tanto, la voluntad de poder) son:

1. Irracionalidad: la razón es sólo una dimensión de la realidad, pero ni la más verdadera ni la más profunda pues el mundo no es racional sino caos, multiplicidad, diferencia, variación y muerte, y en el hombre la razón no tiene –ni debe tener– la última palabra, puesto que siempre está al servicio de otras instancias más básicas como los instintos o las emociones; 

2. Inconsciencia: la fuerza primordial que determina el curso de todas las cosas no es consciente, aunque esporádica y fugazmente se manifiesta de este modo precisamente en los seres humanos; pero incluso en este caso la consciencia no tiene carácter sustantivo, ni crea un nivel de realidad nuevo o independiente;

3. Falta de finalidad: las distintas manifestaciones que toman las fuerzas de la vida, sus modificaciones y consecuencias, no tienen ningún objetivo o fin, no buscan nada, son así pero nada hay en su interior que les marque un destino; Nietzsche declara con ello el carácter gratuito de la existencia;

4. Impersonalidad: esta fuerza no puede identificarse con un ser personal, se trata en realidad de un cúmulo de fuerzas, no de una básica que supuestamente esté a la base de todas las visibles; un cúmulo de fuerzas que buscan la existencia y el ser más, compitiendo en dicho afán entre sí, enfrentándose y aniquilándose.
      
 Hay que recordar que Nietzsche no entiende por “voluntad” lo que habitualmente llamamos con este término:  para nosotros  es lo que nos permite tener actos de querer,  la fuerza que descansa en nuestro interior gracias a la cual dirigimos nuestra conducta y con la que somos capaces de realizar nuestros fines conscientes. La tradición aristotélico-tomista la consideraba una facultad del alma, la psicología actual una capacidad de la mente. Para Nietzsche esta voluntad es una manifestación superficial de una fuerza que está más en lo profundo de nuestro ser. La voluntad de poder no es la voluntad que se descubre con el conocimiento de uno mismo, que se conoce por introspección. Esta voluntad es una simplificación de un complejo juego de causas y efectos. No hay un deseo único, hay una pluralidad de instintos, pulsiones, inclinaciones diversas, que se enfrentan unas a otras; a la consciencia sólo llegan los resultados de dicho enfrentamiento. La voluntad de poder se identifica con cualquier fuerza, inorgánica, orgánica, psicológica, y tiende a su autoafirmación: no se trata de voluntad de existir, sino de ser más. Es el fondo primordial de la existencia y de la vida.

Nietzsche - Conducta moral del superhombre

Conductas morales:


 El superhombre no se puede identificar con una clase social con privilegios que le puedan venir por la tradición o que descansen en su poder social (con la aristocracia, por ejemplo), ni con un grupo definido biológicamente (con una raza); pero lo podemos reconocer a partir de su conducta moral:

1. Rechaza la moral de esclavos: la humildad, la mansedumbre, la prudencia que esconde cobardía, la castidad, la obediencia a una regla exterior, la paciencia consecuencia del sometimiento a un destino o a un mandato, el servilismo, la mezquindad, el rencor.

2.  Rechaza la conducta gregaria: detesta la moral del rebaño, de los que siguen a la mayoría, de los que siguen normas morales ya establecidas; como consecuencia de su capacidad y determinación para crear valores, no los toma prestados de los que la sociedad le ofrece, por lo que su conducta será distinta a la de los demás.

3. Crea valores: aunque los valores morales son invenciones de los seres humanos no todos los hombres los crean; muchos –la mayoría– se encuentran con los valores ya creados por otros, siguen las modas, los estilos vitales vigentes; el primer rasgo del superhombre es precisamente éste: inventa las normas morales a las que él mismo se somete; y los valores que crea son fieles al mundo de la vida y le permiten expresar adecuadamente su peculiaridad, su propia personalidad y riqueza.

4. Vive en la finitud: no cree en ninguna realidad trascendente, ni en Dios ni en un destino privilegiado para los seres humanos, una raza, una nación, o un grupo; no cree que la vida tenga un sentido, como no sea el que él mismo le ha dado; acepta la vida en su limitación, no se oculta las dimensiones terribles de la existencia (el sufrimiento, la enfermedad, la muerte) es dionisíaco.

5. Experiencias que puede salir enriquecido y crecer: Le gusta el riesgo, los caminos no frecuentados, el enfrentamiento; no está preocupado ni por el placer ni por el dolor, ni propio ni ajeno, pues pone por encima de ellos el desarrollo de su voluntad y  de su espíritu; es duro consigo mismo y con los demás, es valiente, no huye de ninguna forma de sufrimiento.

6. Es contrario al igualitarismo: ama la exuberancia de la vida, le gusta desarrollar en él mismo y en los demás aquello que sea lo más propio; no tiene miedo a la diferencia.

7. Ama la intensidad de la vida: la alegría, el entusiasmo, la salud, el amor sexual, la belleza corporal y espiritual; puede ser magnánimo, generoso, como una muestra de la riqueza de su voluntad.

8.  En conclusión: el superhombre es la afirmación enérgica de la vida y el creador y dueño de sí mismo y de su vida, es un espíritu libre.

Nietzsche - El Perspectivismo

El Perspectivismo:


Varias décadas antes que Ortega y Gasset, Nietzsche defiende el perspectivismo: toda representación del mundo es representación que se hace un sujeto; la idea de que podemos prescindir de la situación vital del sujeto, de sus rasgos físicos, psicológicos, históricos o biográficos, para alcanzar un conocimiento del mundo tal y como éste pueda ser (la idea de la posibilidad de un conocimiento objetivo) es un absurdo. 

Nietzsche considera imposible el conocimiento de la realidad en sí misma, pues toda afirmación y creencia, toda teoría del mundo, depende del punto de vista de la persona que la ha creado. Más aún, todo ser dotado de algún grado de conocimiento, de alguna capacidad para representarse el mundo, es tan buen testigo del mundo como nosotros, los seres humanos. Nuestro punto de vista no es mejor para una correcta descripción de la realidad que el de otras especies animales. No existe ningún dato o experiencia, no contaminado por un punto de vista, por una interpretación; no es posible un “criterio de verdad” (ni el famoso criterio cartesiano de la claridad y la distinción), no existen los datos puros a partir de los cuales podamos construir un saber objetivo. No podemos encontrar datos o verdades primeras ni en nuestro conocimiento del mundo exterior o físico ni en el mundo interior. 

Nietzsche es tan radicalmente contrario a la posibilidad de encontrar una verdad absoluta que ni siquiera cree posible lo que podría parecer la verdad más verdadera, el cogito cartesiano: tampoco el mundo de la mente se nos muestra en su pureza, nuestro conocimiento de la mente propia está tan influido por prejuicios como lo está el conocimiento del mundo exterior. 
El perspectivismo nietzscheano parece ser una forma de relativismo y subjetivismo.
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