lunes, 17 de marzo de 2014

Literatura griega

La épica griega

1. Orígenes de la épica y concepto de poema épico.
       Cuando los hombres comenzaron a tener conciencia de sí mismos, no como individuos sino como pueblo, posiblemente surgió la necesidad de contar lo más significativo de su existencia. La total ausencia de la escritura, que tardaría aún algunos siglos en aparecer, obligaba a confiar a la memoria el acervo cultural del pueblo, que de este modo reafirmaba su identidad.
        Tales debieron de ser los orígenes de la épica, pero su configuración como género literario no tendrá lugar hasta mucho tiempo después.
        Un poema épico es una composición extensa de carácter narrativo, en un número indeterminado de versos sin división estrófica; en estilo majestuoso cuenta las proezas y aventuras de uno o varios héroes sobrehumanos o humanos y dotados de unas excepcionales cualidades, entre las que destacan la fuerza, el coraje y un alto sentido del honor.
        El tema central suele estar relacionado con el mito, la leyenda, la historia o el cuento popular. Se sitúa en una remota edad heroica, o en los inicios históricos de un pueblo o nación, cuyos acontecimientos ponen a prueba las cualidades del héroe, por lo que son frecuentes las batallas, los viajes arriesgados o el trato injusto o abusivo de personajes con más poder.
        El narrador es omnisciente, objetivo y da fe de la veracidad de lo que cuenta. Por su afán narrativo, el poeta suele hacer descripciones detalladas del mundo que rodea a la acción: las armas, el vestuario, los barcos, etc.



2. La épica griega.
       La literatura europea nace en Grecia con dos poemas épicos: la Ilíada y laOdisea. Pero estas obras no son el inicio, sino posiblemente el momento cumbre de un proceso que venía fraguándose desde la segunda mitad del segundo milenio antes de Cristo.
        Los acontecimientos históricos que los poetas griegos consideraron dignos de ser recordados se refieren a los ocurridos en Grecia durante el llamado Período Micénico (1600-1200 a. C.). Una vez desaparecido, el mundo micénico es sustituido por una sociedad aristocrática dirigida por reyezuelos de pequeñas ciudades a quienes acompañan nobles poderosos que se sienten herederos de los antiguos soberanos micénicos y a quienes gusta que experimentados cantores les recuerden las hazañas de sus antepasados. Pero el paso del tiempo (más de 400 años) desvirtúa los antiguos sucesos hasta que éstos se acaban transformando en leyendas.
        Estas leyendas pueden agruparse en dos ciclos: el Ciclo Troyano y el Ciclo Tebano. El primero recoge todas las leyendas referidas a la fundación y destrucción de Troya y al regreso al hogar de los vencedores griegos. El segundo se nutre de los relatos surgidos en torno a la ciudad de Tebas.
        En el siglo VIII a. C. aparecen la Ilíada y la Odisea, que desde antiguo la tradición atribuyó a un poeta de Asia Menor o de alguna de sus islas vecinas (quizá de Quíos o de Esmirna) conocido con el nombre de Homero. Estos poemas -ambos pertenecientes al Ciclo Troyano- han llegado hasta nosotros completos y están considerados entre los mejores textos de la literatura universal.


3. Características de la épica griega.
        Para entender un poema épico hay que tener muy presente su condición de poesía oral, es decir, compuesta y transmitida en sus orígenes sin ayuda de la escritura. Los poetas componían sus obras y las interpretaban con la única ayuda de la memoria, por lo que dichas obras tenían una buena dosis de improvisación. Para poder realizar esta difícil tarea, sobre todo cuando se trataba de poemas de gran extensión, los poetas recurrían a diversas técnicas: el uso de la música, los epítetos atribuidos a los héroes (Aquiles siempre es el de los pies ligeros y Héctor, el domador de caballos), el empleo de los mismos adjetivos para los mismos sustantivos (las rápidas naves, la negra tierra, el vinoso ponto, la sagrada Troya), la repetición de versos enteros o comparaciones, etc. Todo esto permitía a los poetas tener una buena colección de frases hechas para las distintas partes del verso: se trata de las llamadas "fórmulas épicas". Esta técnica de composición requería una larga experiencia y un severo entrenamiento, pues en cierto modo el poeta creaba el poema cada vez que lo cantaba; pero también producía incongruencias -en la Ilíada un personaje muere al principio del poema y aparece vivo unos cantos más adelante-, inexactitudes y un estilo narrativo cuyo ritmo puede parecer lento y repetitivo, especialmente para los hombres de hoy. Es curioso que ya desde la antigüedad, cuando los poemas épicos se fijaron por escrito, lo hicieron con todo su repertorio de técnicas orales, que se convirtieron así en rasgos característicos del género, por lo que los poemas posteriores compuestos desde el principio por escrito, aunque no necesitaban dicho repertorio, lo seguían utilizando.
        Los rasgos que caracterizan al género épico pueden condensarse en los nueve siguientes:
  • a) Uso del hexámetro dactílico: verso que consta de seis metros o pies, cada uno de los cuales está formado por una sílaba larga y dos breves (éstas, a su vez, pueden ser sustituidas por una larga).
  • b) Uso de un dialecto literario propio, básicamente dialecto jonio, aunque también hay formas de otros dialectos.
  • c) Invocación a la Musa al comienzo del poema y en lugares destacados, para que sirva de inspiración al poeta.
  • d) Lenguaje formulario: conjunto numeroso de frases hechas y fijas, que se insertan en los mismos lugares del verso.
  • e) Versos enteros repetidos.
  • f) Epítetos fijos para dioses y héroes. Ya se mencionaron algunos: Aquiles siempre es el de los pies ligeros; Héctor, el domador de caballos; Agamenón, el pastor de hombres; Ulises, el fecundo en ardides; los aqueos son los de hermosas grebas los de larga melena. Por su parte, Zeus es el que amontona las nubes y también el que se complace con el rayo; Atenea es la de ojos glaucos y Hera, la de los níveos brazos. Estos epítetos son sobre todo ornamentales y se repiten una y otra vez aunque no se correspondan con la realidad del momento: por ejemplo, las naves de los aqueos siempre aparecen calificadas como raudas rápidasaunque estén varadas en la orilla desde hace años y Aquiles es rápido de pies de pies ligeros aunque no lo demuestre nunca. El epíteto, al ser fijo y exclusivo de cada personaje, puede llegar a sustituir al nombre propio del dios o del héroe.
  • g) Escenas típicas: escenas de combate, de preparación de sacrificios, etc. Siempre se describen de la misma manera. En las escenas de combate destaca el detallismo del poeta al describir el modo de pelear y de destrozarse físicamente los héroes unos a otros. El realismo y la crudeza de estas descripciones todavía sobrecogen al lector moderno:
A aquél hirió entonces bajo la ceja en la cuenca del ojo
y le arrancó la pupila; el asta penetró a través del ojo,
lo atravesó hasta la nuca, y él cayó derrumbado con los brazos
abiertos. Penéleo, desenvainando la aguzada espada,
le golpeó en pleno cuello e hizo saltar al suelo
la propia cabeza con el yelmo. La robusta pica aún
estaba hincada en el ojo. Él alzó la cabeza, como una flor de amapola,
y la exhibía ante los troyanos... [Ilíada XIV, 493-500]

  • h) Digresiones que desvían la narración hacia temas y personajes ajenos al argumento central del poema.
  • i) Uso del estilo directo en los discursos de los héroes y los dioses.
  • j) Símiles y comparaciones. Con tales recursos el poeta acerca el relato al oyente y le hace más comprensible la narración al comparar las acciones de los héroes con elementos de su mundo cotidiano. Por ejemplo, en ocasiones el avance del ejército es comparado con las espigas movidas por el viento o con una bandada de pájaros. El símil nunca es una breve alusión a un objeto mencionado con una palabra, sino que es un símil descriptivo que se introduce como una pequeña escena adicional en medio de la narración. Los símiles abundan especialmente en las escenas de combate, tales como la siguiente:
El golpe lo lanzó como un trompo, haciéndolo dar vueltas.
Como cuando al golpe del padre Zeus cae una encina
abatida de raíz, y el temible olor del quemado se esparce
desde ella, y desfallece en su valor quien lo contempla
y está cerca, pues denso es el rayo del excelso Zeus,
tan de súbito cayó al suelo la furia de Héctor en el polvo.
[Ilíada, XIV, 413-418]

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